APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

Latinos, hispanos y un apunte de Alfonso Reyes

Cuando salió México de la contienda, se decía “habrá que irle a otros países latinos”, en referencia a Brasil, Colombia o Uruguay. Al final, sólo quedó Argentina, pero raras veces o nunca se utilizaba el gentilicio “latino” para aludir a ese equipo

Alfonso Reyes, escritor y miembro fundador de El Colegio Nacional. Foto: Colección de El Colegio Nacional

El pasado Mundial de Futbol, con la final entre España y Argentina, no sólo dejó una rara competencia en las redes sobre qué país era más racista, como ha comentado el escritor argentino-español Martín Caparrós, sino una nueva disputa por los nombres de América. En medios de comunicación hispanos de Estados Unidos, pero también en mexicanos, se usó, con más frecuencia que antes, el gentilicio “latinos” para aludir a los países de Sudamérica.

Cuando salió México de la contienda, se decía “habrá que irle a otros países latinos”, en referencia a Brasil, Colombia o Uruguay. Al final, sólo quedó Argentina, pero raras veces o nunca se utilizaba el gentilicio “latino” para aludir a ese equipo. Cada vez que alguien me trata de explicar esa reticencia con el argumento de que los argentinos se sienten europeos, respondo que entre académicos de Argentina, que conozco hace décadas, identifico a algunos de los más latinoamericanistas de toda la región.

Esas disputas me recordaron un apunte de Alfonso Reyes, en su Diario de 1925, que alguna vez comenté en un libro. El escritor era entonces embajador de México en Francia y en septiembre de ese año estuvo de visita en París, José Ignacio Rivero y Alonso, director del importante periódico habanero, Diario de la Marina. Reyes, que era publicado con frecuencia en La Habana, identificaba correctamente a ese periódico, que había censurado a Azorín y a otros críticos de la monarquía madrileña, como “portavoz de la colonia española en Cuba”.

Y agregaba, “de la colonia española, pues España, el Estado, no tiene política ninguna —y es una lástima— en América”. Al día siguiente, el escritor trató de explicar esa “fatalidad de España en América”, y, en línea muy distinta a la de Carlos Pereyra y otros de sus amigos mexicanos en Madrid, decía que España estaba tan avergonzada de su pasado colonial y de su derrota en 1898 que era incapaz de desarrollar una diplomacia autónoma en América. Agregaba a eso, Reyes, el inconveniente de que las comunidades españolas en América Latina, generalmente, se aliaban con el conservadurismo católico.

Comentaba Reyes que para complicar más las cosas, en Francia se prefería la expresión “América Latina” a la de “América Española”. A su juicio, esa inclinación hacía parte de una tendencia en Francia “a captarse a Hispanoamérica, excluyendo a la Madre Patria”. Por otro lado, “los americanistas militantes” usaban el término “Hispanoamérica”, dejando fuera también a España. En aquel momento, el joven Reyes se decantaba por la idea de Hispanoamérica, siempre y cuando integrara también a la península.

Luego, tras vivir varios años entre Argentina y Brasil, su literatura iría desplazándose preferencialmente a un uso del nombre de América y el gentilicio americano en textos como En el día americano (1932), Última Tule (1942) o sus ensayos sobre José Enrique Rodó, la recepción americana de Góngora o Goethe y sus varios y brillantes escritos diplomáticos o literarios sobre Brasil y Argentina.

Como Salvador Novo, en su injustamente olvidado Continente vacío (1925), donde casi una tercera parte del libro está dedicada a la literatura, el teatro y la música de Estados Unidos, Reyes fue evolucionando de aquel hispanoamericanismo juvenil a un americanismo de madurez, que concedía un lugar central a la cultura estadounidense y sus interacciones con las repúblicas hispanoamericanas.

Poco se recuerda, pero Reyes fue fundamental para que la delegación mexicana tuviese una posición predominante en la Conferencia Panamericana de Montevideo, en 1933, donde se sentaron las bases de la tensa transición al New Deal y la política del Buen Vecino de Franklin D. Roosevelt hacia América Latina. En aquella conferencia, Reyes, Novo, Daniel Cosío Villegas y el entonces canciller José Manuel Puig Casauranc redactaron los primeros programas de intercambio cultural interamericano.

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