Debo confesar que le tengo un cariño muy especial a Acapulco. Ha sido mi lugar de vacaciones desde que era adolescente. Me encanta llegar al puerto, caminar por la playa y estar en el mar por unos días.
Creo que, para muchos que vivimos sobre todo en la Ciudad de México, Acapulco representa mucho más que un destino turístico: es un lugar lleno de recuerdos y, además, donde se puede comer delicioso y descansar de verdad.
Por eso duele verlo sufrir y, al mismo tiempo, da mucho gusto comprobar que poco a poco se ha recuperado.
En los últimos años el puerto ha enfrentado pruebas enormes. Primero fueron los problemas de inseguridad que durante mucho tiempo alejaron a visitantes e inversiones. Después llegaron dos desastres naturales que parecían haber puesto de rodillas a Acapulco: los huracanes Otis y John, que destruyeron hoteles, viviendas, comercios e infraestructura básica. Hubo momentos en los que muchos pensaron que la recuperación tardaría décadas.
NUEVA ESTRATEGIA
Pero la recuperación ha sido mucho más eficiente y eficaz de lo que muchos esperaban.
Este fin de semana la Presidenta Claudia Sheinbaum visitó el puerto para anunciar nuevas acciones de apoyo y reconocer los avances que se han logrado. Hoy Acapulco registra una ocupación hotelera cercana al 78 por ciento, una cifra que refleja que los turistas están regresando y que podría aumentar durante esta temporada vacacional. Además, prácticamente se han recuperado los empleos y los servicios que fueron afectados por los huracanes.
Sin duda, gran parte de ese esfuerzo ha sido posible gracias al trabajo coordinado entre los gobiernos federal y de Guerrero. La mandataria de la entidad, Evelyn Salgado Pineda, ha logrado construir acuerdos para que el estado reciba recursos y respaldo institucional, mientras que miles de acapulqueños han trabajado todos los días para reabrir negocios, reconstruir hoteles, levantar restaurantes y devolverle vida al puerto.
Pero la recuperación no puede limitarse al turismo. También implica mejorar las condiciones de vida de quienes habitan ahí. Por eso resulta importante que durante esta gira se anunciaran nuevas obras de infraestructura para garantizar el suministro de agua potable, mediante la construcción de pozos, tanques elevados y la modernización de la red hidráulica, particularmente en las colonias que durante años han padecido la falta del servicio.
También se informó que continuará el saneamiento de ríos y los trabajos de desazolve para disminuir el riesgo de inundaciones durante la temporada de lluvias. Son obras que quizá no generan grandes titulares, pero que resultan fundamentales para evitar que una nueva tormenta o desastre natural vuelva a provocar daños tan severos.
Otro anuncio relevante fue la cancelación definitiva del proyecto de la presa La Parota, una obra que durante años generó un profundo conflicto con las comunidades rurales de la región. En su lugar, el Gobierno federal optó por desarrollar infraestructura hidráulica que permita abastecer de agua al puerto sin afectar a las poblaciones cercanas.
Acapulco todavía enfrenta muchos retos. Recuperar totalmente la confianza de los turistas, consolidar la seguridad y seguir reconstruyendo la infraestructura llevará tiempo. Pero hoy hay señales claras de que el puerto avanza en la dirección correcta.
Pero también estamos entrando al periodo más activo de la temporada de huracanes en el Pacífico, que históricamente se concentra entre agosto y octubre.
En estos días el huracán Genevieve ha llamado la atención por su rápida intensificación; sin embargo, de acuerdo con los pronósticos del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC), mantendrá una trayectoria alejada de las costas mexicanas y no representa, por ahora, una amenaza directa para Guerrero. Aun así, podría generar oleaje elevado y corrientes de resaca en algunas zonas del litoral del Pacífico mexicano.
Eso no significa que el riesgo haya desaparecido. Al contrario. Los meteorólogos advierten que el Pacífico atraviesa una temporada con condiciones especialmente favorables para el desarrollo de ciclones tropicales.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 70 por ciento de que la temporada sea superior al promedio, favorecida por temperaturas del mar inusualmente elevadas y por el desarrollo de un fenómeno de El Niño, que suele incrementar la actividad ciclónica en esta región del océano.
El cambio climático juega un papel cada vez más importante. El calentamiento global ha provocado que los océanos absorban una enorme cantidad de calor. Ese exceso de energía funciona como combustible para los ciclones tropicales. Aunque el cambio climático no necesariamente hace que se formen más huracanes, sí aumenta la probabilidad de que algunos se intensifiquen con mayor rapidez, alcancen categorías más altas y produzcan lluvias mucho más intensas. Precisamente eso fue lo que sorprendió al mundo con el huracán Otis, que pasó de tormenta tropical a un huracán de categoría cinco en cuestión de horas.
Por ello, las autoridades de Guerrero saben que un fenómeno similar podría volver a presentarse y están extremadamente alertas ante cualquier fenómeno natural que pudiera afectar a la población.
Nadie puede predecir con meses de anticipación si un huracán impactará directamente Acapulco, pero sí existe plena conciencia de que el puerto seguirá siendo una de las zonas más vulnerables del Pacífico mexicano.
Esa es la razón por la que, además de reconstruir hoteles y reactivar el turismo, se trabaja en fortalecer la infraestructura hidráulica, ampliar el suministro de agua potable, desazolvar ríos, sanear cauces y construir obras que permitan resistir mejor futuras lluvias extremas y crecidas de los ríos.
La recuperación de Acapulco no ha consistido únicamente en reparar lo que destruyeron Otis y John, también ha implicado preparar al puerto para un clima que hoy es distinto al de hace apenas una década.
La reconstrucción debe ir acompañada de prevención, mejores sistemas de alerta, infraestructura más resistente y una planeación urbana que considere que los fenómenos meteorológicos extremos podrían ser cada vez más frecuentes e intensos. Sólo así Acapulco podrá enfrentar con mayor fortaleza los retos que impone el cambio climático.
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