Marx Arriaga Navarro, aquel impresentable que fue director general de Materiales Educativos de la SEP durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sigue reclamando una indemnización que por ley no le corresponde. Ayer domingo volvió a publicar un mensaje en su cuenta de X: “Un mes más sin liquidación, pero lo que más duele es el recuerdo de los camaradas que lo dejaron en la calle”.
Marx Arriaga está equivocado. Lo que más duele a la sociedad mexicana es que se hayan elaborado libros de texto para los niños y niñas de este país que no enseñan los conocimientos indispensables para desenvolverse en la vida, como matemáticas y español, y que su misión haya sido adoctrinar a los estudiantes, además de entregar materiales con cientos de errores.
RETROCESO
Este personaje, que encabezó el diseño de los nuevos libros de texto gratuitos y la implementación del nuevo modelo educativo, ni siquiera es consciente del daño que le hizo a la educación de millones de niños en México. Ahora reclama una prestación que no le corresponde. Pide una indemnización por haber sido separado de un cargo de confianza dentro de la SEP.
Según la ley, los funcionarios de confianza no tienen derecho automático a una liquidación porque ocupan cargos cuya permanencia depende de la confianza de la autoridad que los nombró. A diferencia de los trabajadores de base, la Constitución no les reconoce estabilidad en el empleo y, por ello, cuando son removidos sólo reciben las prestaciones devengadas, como salarios pendientes, aguinaldo y vacaciones proporcionales.
Arriaga hace semanas escribió en su cuenta de X un mensaje para pedir que no le cobraran el crédito hipotecario que obtuvo con Santander: “No puedo. Prefiero regalarlo todo antes de que Santander lo remate”. Este hombre solicitó un préstamo y los préstamos se pagan.
Quiere una indemnización que no le corresponde y también pretende que Santander le perdone el adeudo de su casa. Hoy no debería recibir una liquidación. Lo verdaderamente importante es analizar la responsabilidad que tuvo en el enorme daño causado a la educación de miles de niñas y niños. La salida de Marx Arriaga de la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP marcó el final de una de las etapas más cuestionadas para la educación pública mexicana.
Durante su gestión, la prioridad nunca pareció ser que los niños aprendieran mejor español, matemáticas, ciencias o historia. La apuesta fue otra: sustituir el rigor académico por una visión ideológica de la enseñanza. Tras su salida, Arriaga aseguró que fue removido porque existen intereses que buscan privatizar la educación. Sin embargo, la realidad demuestra exactamente lo contrario. Él estaba haciendo acuerdos con los sectores más radicales de la CNTE.
Los libros de texto elaborados durante su gestión acumularon errores de redacción, ortografía, historia, geografía y secuencias pedagógicas.
En matemáticas desapareció la lógica del aprendizaje: en primer grado, se presentan sumas y restas antes de enseñar la numeración; en segundo de primaria, apenas unas cuantas páginas están dedicadas a matemáticas dentro de libros de más de 250. También hubo errores en mapas, fechas históricas y códigos QR que ni siquiera funcionaban.
Todo esto ocurrió cuando el sistema educativo mexicano ya enfrentaba una de las peores crisis de su historia. Desde 2018, por primera vez desde la creación de la SEP en 1921, la matrícula escolar dejó de crecer y cayó en aproximadamente un millón y medio de alumnos. La cobertura educativa también retrocedió en todos los niveles: en preescolar pasó de 71.8% a 63.6%; en primaria, de 98.7% a 94.5%; en secundaria, de 96.5% a 93.1%; y en educación media superior cayó de 84.2% a 74.8%. El impacto fue especialmente grave entre los estudiantes más pobres y en comunidades indígenas, donde la desigualdad educativa se profundizó.
Los resultados de la prueba PISA 2022 confirmaron el deterioro. México registró uno de los mayores retrocesos de América Latina. Menos de 1% de los estudiantes fue capaz de distinguir un hecho de una opinión en un texto, mientras que apenas 2% pudo resolver correctamente una regla de tres, una habilidad matemática elemental. En lectura, matemáticas y ciencias, el país retrocedió aproximadamente 10 años en comparación con evaluaciones anteriores, reflejando el enorme rezago en aprendizajes básicos.
Frente a esa realidad, la prioridad debió ser fortalecer las competencias fundamentales. En cambio, se impulsó un modelo educativo que relegó contenidos esenciales y privilegió una narrativa política sobre el aprendizaje.
Durante años, la CNTE ha privilegiado paros, bloqueos y movilizaciones como mecanismos de presión política, afectando miles de horas de clase. Diversas denuncias han señalado presiones sobre docentes, para participar en marchas y protestas, colocando los intereses sindicales por encima del derecho de millones de niños a recibir una educación continua y de calidad.
La educación pública debe ser el principal instrumento para reducir la desigualdad. Un niño que aprende a leer, escribir, comprender textos, resolver problemas matemáticos y desarrollar pensamiento científico, tiene mayores posibilidades de acceder a un empleo bien remunerado y transformar su futuro.
Los errores en educación no desaparecen cuando cambia un funcionario. Permanecen durante años y afectan a generaciones enteras. Ese es, quizá, el mayor daño que dejó la gestión de Marx Arriaga: una educación más débil precisamente para quienes más la necesitaban.
A Marx Arriaga no le tienen que perdonar el crédito de su casa, y mucho menos otorgarle una indemnización que no le corresponde; se le tiene que investigar y juzgar. Sus hechos violaron el derecho de millones de niñas y niños a recibir una educación de calidad. La Constitución protege expresamente, en sus artículos 3.° y 4.°, tanto el derecho a la educación como el interés superior de la niñez.
Cuando el propio Estado entrega materiales educativos deficientes, no sólo falla una política pública: pone en riesgo el cumplimiento de derechos constitucionales fundamentales. Y el responsable de esos libros tiene nombre y apellido: Marx Arriaga.
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LOS LIBROS DE MARX
Los libros de texto elaborados durante la gestión de Marx Arriaga acumularon errores que especialistas documentaron en matemáticas, historia, geografía, redacción y ortografía.
Hay errores en hechos y fechas históricas, así como confusiones en mapas geográficos.
En Nuestros saberes, de primer grado, se enseñan sumas y restas con números de dos cifras antes de que los alumnos aprendan la numeración.
En Múltiples lenguajes aparece el número 1,700 para niños que apenas dominan cifras de hasta 100 o 200.
En segundo de primaria, dos libros de más de 250 páginas destinan únicamente 16 y 18 páginas a matemáticas.
Además, numerosos códigos QR no funcionan o dirigen a páginas en inglés.
Varios materiales incorporan contenidos de carácter político que exaltan al expresidente Andrés Manuel López Obrador y promueven la Cuarta Transformación.
En lugar de reforzar español, matemáticas, ciencias e historia con rigor académico, los nuevos materiales privilegiaron una narrativa ideológica, sustituyendo el aprendizaje de conocimientos fundamentales por contenidos políticos, con consecuencias que podrían afectar a toda una generación de estudiantes.
La concentración paulatina del poder
