Desde ayer anda circulando por todos lados que Estados Unidos ya tiene una orden de aprehensión contra Adán Augusto. Y la verdad es que el documento está hecho para que cualquiera se la crea: trae todo lo que hace creer que del documento pueda ser real. Si no le pones mucha atención, te vas con la finta… sólo que hay un pequeño detallito, y no es cualquier detallito: hasta este momento nadie ha podido demostrar que esa orden realmente exista. No aparece confirmada por ninguna autoridad norteamericana y todo apunta a que es uno de esos documentos que parecen reales, circulan como reales, pero de reales no tienen nada.
Lo interesante es que, aun siendo falso, funcionó. Y funcionó muy bien, porque en cuestión de horas recorrió por todos lados en las redes sociales y muchísima gente ni siquiera se detuvo a preguntar de dónde había salido, simplemente lo creyó. También hay que decir que no apareció el nombre de cualquier persona, salió el de Adán Augusto, quien ya lleva mucho tiempo siendo señalado y cuestionado. Así que era terreno fértil para que un loquito como Simón Levy aventara una supuesta orden de aprehensión y todos dijeran que sí, que de ley era cierto.
Y ése es precisamente el problema, porque esto ya va mucho más allá de si Adán Augusto te cae bien o te cae mal, el problema es que hemos llegado a un punto en donde una imagen bien hecha y dos o tres cuentas grandes compartiéndola pueden convertir cualquier rumor en una “verdad” absoluta. Antes, cuando menos, había que inventar una buena historia; ahora basta con hacer un documento que parezca medianamente real, subirlo a redes y esperar a que la propia gente haga el resto. Primero lo compartió un loquito, después otro, luego un personaje conocido le dio compartir y para cuando acordamos, la mentira ya dio tres vueltas al país.
Eso tampoco significa que Adán Augusto sea inocente. Si hay investigaciones en su contra, tendrá que responder por ellas y que se actúe en consecuencia. Pero una cosa es exigir que se investigue lo que realmente existe y otra muy distinta es inventarle una orden de aprehensión. No entienden que hacer inventos no ayuda a conocer la verdad, al contrario, terminan metiendo en el mismo costal los hechos, los rumores y la propaganda, y terminan blindando al sujeto en cuestión porque después de tanto invento, ya nadie sabe qué creer.
La última…
¿Por qué le dan tanta atención a un loquito como Simón Levy? ¿De verdad no se dan cuenta que el señor no está bien? ¿Es tanto el deseo de ensuciar al partido oficial que ya a cualquier santo le rezan? Pues así no van a lograr nada…
… y nos vamos.
Ángel Aguirre y el cisne negro de Ayotzinapa
