GENTE COMO UNO

La aspiración digital del crimen organizado

Autos de lujo, armas, fiestas, música, dinero y mensajes de poder convierten la vida criminal en un producto aspiracional para millones de jóvenes. Hoy el crimen organizado quiere influir también en aquello que la sociedad consume, admira y comparte. De ese tamaño es nuestra tragedia

Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Imagen: La Razón de México

César Gastélum estaba transmitiendo en vivo cuando lo mataron en el estacionamiento de un restaurante de comida rápida, en Tres Ríos, Culiacán. Con más de medio millón de seguidores, destacaba por su contenido de humor y sus referencias a la llamada “cultura bélica”. Su asesinato ocurrió, además, a unas calles de las instalaciones de la Fiscalía de Sinaloa.

Hasta ahora no existe un móvil oficialmente establecido ni evidencia pública suficiente para afirmar que Gastélum tuviera algún vínculo con el crimen organizado.

EL INFLUENCER César Gastélum, asesinado a tiros el martes en Culiacán, Sinaloa
EL INFLUENCER César Gastélum, asesinado a tiros el martes en Culiacán, Sinaloa ı Foto: Especial

El Gabinete de Seguridad federal informó que algunas de sus publicaciones hacían referencia a una facción criminal y que ésa es una de las líneas de investigación.

Lo que sí puede afirmarse es que, desde septiembre de 2024, cuando comenzó la confrontación entre Los Chapitos y La Mayiza, al menos nueve influencers han sido asesinados en Sinaloa.

Entre ellos están Juan Carlos El Chilango, asesinado en octubre de 2024; Jesús Miguel Vivanco, El Jasper, encontrado muerto un mes después; Leobardo Aispuro, El Gordo Peruci, asesinado junto con su esposa en diciembre de ese mismo año, además de otros creadores de contenido que previamente habían sido señalados por simpatizar o colaborar con alguna de las facciones criminales.

Recordemos que en enero de 2025, una avioneta sobrevoló Culiacán y arrojó volantes en los que se señalaba a 25 influencers y músicos de tener vínculos con La Mayiza.

Entre los nombres figuraba el del cantante Peso Pluma y aparecían también personas ya ejecutadas, junto a la palabra “eliminado”.

Al margen de que esas acusaciones fueran ciertas o no, lo que quedó claro es que las redes sociales ya forman parte del territorio que disputa el narcotráfico.

En 2025 se dio a conocer que la Unidad de Inteligencia Financiera mantenía bajo investigación a 64 influencers, principalmente de Sinaloa, por sospechas de posibles operaciones de lavado de dinero relacionadas con Los Chapitos y La Mayiza.

La principal hipótesis era que organizaciones criminales podían inyectar recursos para inflar artificialmente cuentas y convertir posteriormente la monetización de plataformas como YouTube, Facebook o Instagram en dinero aparentemente legítimo.

El crimen organizado entendió hace tiempo que las redes sociales sirven también para propaganda, reclutamiento y construcción de identidad.

Autos de lujo, armas, fiestas, música, dinero y mensajes de poder convierten la vida criminal en un producto aspiracional para millones de jóvenes.

Diversas investigaciones sobre reclutamiento digital han documentado cómo los cárteles utilizan TikTok y otras plataformas para atraer personas mediante ofertas laborales engañosas o contenido que normaliza ese estilo de vida.

En ese ecosistema, un influencer puede convertirse en muchas cosas: colaborador consciente, instrumento de propaganda, vehículo financiero o, simplemente, amigo, pareja o familiar de alguien relacionado con una organización criminal.

El asesinato de Valeria Márquez muestra otra dimensión del problema. La influencer de 23 años, fue asesinada también durante una transmisión en vivo desde su salón de belleza en Zapopan, Jalisco, el 13 de mayo de 2025.

Más de un año después, Omar García Harfuch informó que Francisco Álvarez, hijo de Ramón Ángel Álvarez Ayala, El R1, mantenía una relación sentimental con ella, la habría amenazado y es señalado por las investigaciones como quien habría pedido a su padre ordenar el feminicidio.

El caso de Valeria exhibe otra dimensión, todavía más inquietante: hasta dónde puede extenderse la violencia de las estructuras criminales sobre quienes simplemente forman parte de su círculo personal.

Existe, además, una característica que vuelve particularmente vulnerables a esos creadores digitales: todos los días muestran dónde comen, qué automóvil conducen, con quién mantienen una relación, qué lugares frecuentan y, mediante una transmisión en vivo, revelan su ubicación exacta en tiempo real.

En los casos de Gastélum y Márquez, miles de personas fueron testigos digitales de sus asesinatos, convirtiendo esos crímenes en parte de la conversación de Internet, donde la violencia fue tendencia y los delincuentes protagonistas de la viralidad.

En esta época en que las redes sociales son el desayuno, la comida y la cena de millones de personas, alcanzar miles o incluso millones de seguidores puede ser igualmente atractivo para las organizaciones criminales.

Porque ahora resulta que el narcotráfico en México ya no libra únicamente una guerra por las rutas de la droga o el control de los territorios.

También disputa la atención de millones de personas, moldea aspiraciones y convierte las redes sociales en otro campo de batalla para infiltrarse en la conversación pública y conquistar imaginarios.

Hoy el crimen organizado quiere influir también en aquello que la sociedad consume, admira y comparte. De ese tamaño es nuestra tragedia.

Temas:

Google Reviews