Mucho se especula sobre si Trump tendrá la audacia de presentarse para un tercer periodo en la presidencia. Ciertamente es una idea que el mandatario ha toqueteado en sus redes sociales y que está presente en los corazones de sus más fervientes seguidores.
Sin embargo, legalmente es un camino sin sentido y ni las más osadas interpretaciones de la ley podrían justificarlo. El presidente está viviendo su recta final al frente de EU.
En este escenario, las elecciones de mitad de mandato de este noviembre serán la última balanza de su influencia en el electorado. Si bien su nombre no aparecerá en las papeletas, estos comicios representan un referendo en el que se valora el accionar del ejecutivo en turno. Actualmente ambas cámaras legislativas están en manos del Partido Republicano y las encuestas predicen que perderán la Cámara Baja y que están cerca de perder también el Senado, un resultado a todas luces desastroso.

• Ya salió el peine
En estos momentos, el presidente afronta su momento más oscuro en cuanto a las encuestas de satisfacción. Éste es un mal presagio para los candidatos de su partido que han ligado su imagen a la del mandatario de cara a los próximos comicios. Sin embargo, la agenda del ejecutivo parece más centrada en su legado que en apoyar la transición para la continuidad del partido ya sin él como figura prominente en activo.
Si las estadísticas tienen razón, en noviembre será el inicio del fin. Con el control de la Cámara de Representantes se vendrá un aluvión de procesos judiciales que cuestionarán cada paso de la administración y entorpecerán el ejercicio del presupuesto para los últimos dos años. Un atasco legislativo que pondrá en pausa al país en la larga espera de las siguientes elecciones presidenciales.
Posteriormente, todo irá tomando nuevamente su cauce normal. El Partido Republicano tendrá que pensar en quién será el heredero a seguir, mientras que este personaje tendrá que planear cómo deslindarse de una figura omniabarcante que viene en caída libre. Por su parte, el Partido Demócrata tendrá que enfrentar su propio laberinto. Al no contar con un archienemigo a modo, por fin tendrá que preguntarse qué rumbo seguirá su plataforma política hacia el futuro.
Sea quién sea el que gane tanto en la elección de noviembre como dentro de un par de años, la estrategia para salir de la era Trump tendrá que ser cuidada y apoyada por ambos bandos. Es urgente reajustar el timón en temas como la guerra en Irán, los aranceles y las alianzas internacionales. Hacia dentro, el panorama es más incierto puesto que la división política deja dividendos electorales que son una tentación difícil de resistir. La pacificación interna y el trabajo por el bien común no suelen ser banderas con un rédito inmediato.

Se acerca la definición

