Hace unos días, la Presidenta Claudia Sheinbaum anunció el cambio de nombre del Paso de Cortés por el de Paso de los Pueblos Indígenas.
No se trata solamente de cambiar un letrero. Estamos hablando de modificar el nombre con el que durante siglos se ha identificado un lugar relacionado con un episodio de la historia de México. El Paso de Cortés, ubicado entre el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, lleva ese nombre porque por ahí atravesó Hernán Cortés en 1519 durante su camino hacia México-Tenochtitlan.
Sheinbaum sostiene que ese camino existía mucho antes de la llegada de los españoles y que por ahí transitaban los pueblos originarios. Frente a las críticas, aseguró que quienes se molestan son aquellos que “veneran a Cortés”.

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EL DEBATE

Esta discusión no es nueva. Durante el sexenio anterior, la relación entre México y España tuvo diferencias precisamente por la interpretación de la Conquista. En marzo de 2019, Andrés Manuel López Obrador envió una carta al rey Felipe VI en la que solicitaba que España reconociera los agravios cometidos durante la Conquista y ofreciera disculpas a los pueblos originarios.
El gobierno español rechazó entonces la petición. El tema continuó durante los siguientes años y llegó hasta la toma de posesión de Claudia Sheinbaum, en octubre de 2024. El rey Felipe VI no fue invitado porque, según explicó entonces la propia Sheinbaum, nunca había respondido directamente a la carta enviada por López Obrador.
Durante el Mundial de 2026, sin embargo, Felipe VI viajó a México y se reunió con Claudia Sheinbaum. Parecía que las relaciones entre México y España comenzaban una etapa distinta.
Ahora, desde el Gobierno federal, nos quieren meter en estas discusiones para que no se hable de lo verdaderamente importante. Nos quieren hablando y pensando en lo que sucedió hace más de 500 años.
Para entender qué representa históricamente el Paso de Cortés y qué significa cambiar el nombre de un sitio relacionado con un acontecimiento ocurrido hace más de 500 años, conversamos con la historiadora Isabel Revuelta Poo.
Explica que hablamos de un lugar geográfico ubicado entre los dos volcanes del Valle de México, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, pero también de un punto relacionado con uno de los episodios que marcaron la historia de nuestro país.
Por ese lugar pasó Hernán Cortés acompañado por sus hombres, pero también por indígenas de distintos pueblos que para entonces se habían aliado con los españoles: “Estamos hablando de un contingente que venía ya con Cortés, sus hombres y también muchos pueblos indígenas que ya estaban aliados a Hernán Cortés”.
Ese elemento resulta fundamental para comprender lo que ocurrió después. La Conquista no puede explicarse simplemente como españoles contra indígenas. Cuando Cortés avanzó hacia México-Tenochtitlan encontró pueblos que habían sido sometidos por el Imperio mexica y que terminaron convirtiéndose en sus aliados.
Revuelta recuerda que el mundo atravesaba además un proceso de exploración y expansión. Los europeos habían comenzado los viajes de circunnavegación, y la llegada de expediciones a territorios, hasta entonces desconocidos para ellos, formaba parte de ese proceso.
En México existía entonces el Imperio mexica, cuyo centro político y económico estaba en México-Tenochtitlan. Se habían establecido en el Valle de México y habían construido un imperio que dominaba a distintos pueblos mediante tributos y, también, mediante el uso de la fuerza. Cortés buscaba llegar precisamente al centro de ese poder.
Después de conocer los relatos de expediciones anteriores, entre ellas las de Juan de Grijalva, su objetivo era llegar a México-Tenochtitlan. Y una parte de ese recorrido ocurrió entre los volcanes. Fue desde ese lugar donde los españoles y sus aliados pudieron observar la ciudad que se extendía sobre el lago.
Revuelta recuerda que existe un testimonio sobre ese momento en la obra de Bernal Díaz del Castillo, quien participó en la expedición y posteriormente escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. La descripción permite también dimensionar lo que era México-Tenochtitlan en aquel momento.
“Era una ciudad imponente, era un paisaje imponente y es desde el Paso de Cortés que se vislumbra esa gran ciudad”, señala la historiadora.
Para Revuelta, ahí se encuentra precisamente el problema de modificar el nombre: “Es un hecho histórico porque así sucedió. No podemos cambiarlo, ni cambiar el contexto, ni ponerle otro tipo de nombre, porque entonces es desdibujar nuestra historia”.
El debate va más allá de Cortés. Tiene que ver con la manera en que los mexicanos hemos aprendido nuestra propia historia. Según Revuelta, existe un problema desde la enseñanza básica, porque una parte de los tres siglos del Virreinato no se explica con la profundidad necesaria.
“De por sí nuestra historia es mal aprendida a nivel académico. Nuestras primarias, las secundarias, los niños, los jóvenes no comprenden esos 300 años de Virreinato, que son en donde se funda este país mestizo”, dijo.
Esos tres siglos resultan indispensables para comprender al México actual. Ahí se desarrollaron procesos culturales, sociales y biológicos que terminaron conformando buena parte de nuestra identidad. Sin embargo, explica Revuelta, durante el siglo XX se construyó una narrativa oficial que privileged determinados periodos y personajes históricos.
La historiadora también cuestiona la construcción de una visión en la que los pueblos prehispánicos aparecen como un solo bloque, porque no lo eran. Antes de la llegada de los españoles existían diferentes pueblos, intereses, alianzas, rivalidades y conflictos. El Imperio mexica ejercía poder sobre otros grupos del Altiplano y cobraba tributos a los pueblos sometidos.
Ese contexto permite entender por qué Cortés consiguió miles de aliados indígenas durante su avance hacia Tenochtitlan.
“Los aztecas eran un imperio como cualquier imperio en el mundo. Tenía grandes logros, pero también el uso de la violencia como parte de su poder y como parte de lo que tenía para el sometimiento de los demás pueblos que estaban en el Altiplano”, explica Revuelta.
Por eso, analizar aquellos acontecimientos exclusivamente desde la relación entre conquistadores y conquistados elimina una parte del contexto político que existía en 1519 y 1521.
Para la historiadora, tampoco puede separarse la llegada de los españoles de lo que ocurría en el resto del mundo: “Pudieron ser portugueses, pudieron ser ingleses, porque el proceso histórico no podía cerrarse. El mundo se estaba abriendo”.
En ese contexto se produce ahora el cambio de nombre del Paso de Cortés. Para Revuelta, retirar esos nombres puede dificultar todavía más la comprensión de procesos que ya resultan complejos para las nuevas generaciones.
La discusión también plantea otra pregunta: ¿por qué seguimos buscando respuestas a los problemas actuales en acontecimientos ocurridos hace cinco siglos? Revuelta lo resume con una frase: “No puede ser que todos los problemas vayan a resolverse hace 500 años. Somos una nación hace más de 200 años”.
Para la historiadora, conocer el pasado debería servir precisamente para comprender el presente y pensar hacia adelante, no para mantener abiertos conflictos entre las generaciones actuales por acontecimientos ocurridos en otro contexto histórico. “Si no abrazamos nuestro origen, si no nos comprendemos, no estamos utilizando el antídoto de la historia, que es mirar al futuro, comprender el pasado, entender nuestro presente y planear nuestro futuro”.
La historia de México no comienza ni termina con Hernán Cortés. Tampoco puede explicarse únicamente desde la perspectiva española, mexica o de los pueblos que se aliaron con los conquistadores. Por eso Revuelta propone regresar a las fuentes, estudiar y entender qué estaba ocurriendo en aquel momento: “Que seamos curiosos y que nosotros mismos tengamos ese criterio y vayamos a las fuentes”. Lo cierto es que podemos cambiar el nombre de un lugar, pero lo que ocurrió ahí hace más de 500 años seguirá formando parte de nuestra historia.

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