Bi Gan (Kaili, China, 1989) es un escritor y director de cine ajeno a las complacencias que exigen muchos en las audiencias modernas. Su obra es, para describirla superficialmente con una sola palabra, retadora.
Aviso: no es para cualquiera y muchos se van a desesperar con su magnética narración audiovisual, pero… aquellas y aquellos que estén dispuestos a cruzar el umbral hacia ese destino que Bi Gan edifica con su insólita imaginación, se llevarán un magnífico recuerdo en sus emociones y sus sentidos.
China es uno de los únicos cinco países comunistas que han sobrevivido en el mundo actual — junto con Corea del Norte, Cuba, Laos y Vietnam—. Es la segunda economía más poderosa del planeta y ha vivido una sucesión espectacular de transformaciones sociales, políticas y culturales a lo largo de su historia.
La República Popular China es el segundo país más poblado del mundo. En 2023 todavía era el primero hasta que fue sobrepasada por la India. Por superficie terrestre, es el tercer país más extenso, sólo después de Rusia y Canadá.
Desde sus orígenes, China fue gobernada a mano dura por dinastías como Xia (reconocida como la primera), Qin, Han, Tang, Song y por los imperios Ming y Qing. Después de la muerte del último emperador (Puyi de la dinastía Qing), surgió el régimen comunista que se ha mantenido en el poder —con sus respectivas mutaciones y reformas— hasta la fecha.
En mayo de 1966, durante la Revolución Cultural impulsada por Mao Zedong, se prohibieron categóricamente las influencias occidentales y capitalistas en la sociedad china, penalizadas por la cárcel y por la muerte.
En este contexto lleno de paradojas, surgen artistas como Bi Gan, quienes buscan confeccionar relatos y personajes que asombren al público; llevarlos por un viaje fantástico —que, al igual que Lynch, Tarkovski y Béla Tarr— no ofrecen explicaciones ni argumentos en el raciocinio, sólo anhelan despertar algo que conmueva y provoque al espíritu humano.
Su película Resurrección (2025) es un paradigma de estos apetitos de su voz artística.
En ella, un hombre (Jackson Yee), dentro de varios capítulos incomparables, vive y luego muere para después resucitar y comenzar un nuevo ciclo. No quiero describir la trama porque le quitaría mucho a la sorpresa y a la alquimia que el director Big Gan es capaz de crear en su filme. Ésta es un acto de magia que cada quien, cada miembro de la audiencia, tiene que apreciar a su manera.
La actuación de Jackson Yee es un milagro de la transformación —alucinante—, la música de M83 es una de las mejores bandas sonoras que he escuchado; la dirección de Bi Gan y la fotografía de Jingsong Dong nos recuerdan por qué el cine se inventó en un principio, y los planos secuencia, especialmente el último, son los mejores que se han logrado en el cine moderno. No traten de entender la película… vívanla.
La película está disponible en la Cineteca Nacional de las Artes.
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