Nunca ha ganado una elección. Nunca ha sido funcionario público en ninguno de los tres poderes. Tampoco se le conoce mérito propio alguno fuera del lazo sanguíneo con el político más relevante del país en los últimos 25 años. Andrés Manuel López Beltrán es hijo de AMLO, no más. La secretaría de elecciones de Morena fue suya por la marca. Y ni así. Hubo tiempos en los que algunos comentócratas, “Luisa María Alcalde, dixit”, decían que en 2030 Andy sería candidato guinda a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México que, seguramente caminando ganaba para después, en el 2036, ir por la grande.
Y así, los López de Tabasco emularían a los George Bush de Texas, o como los Kennedy que nunca pudieron, pero querían, o a los Trudeau de Canadá (Pierre y Justin), los Frei de Chile o los Torrijos de Panamá.
Acá, la dinastía Cárdenas se quedó en papá presidente, hijo gobernador y nieto también góber de Michoacán, lo mismo que los Miguel Alemán, primero en Los Pinos, luego sólo en Veracruz. Porque ni los Hank, ni los Madrazo, o los Figueroa llegaron a donde imaginaban. Todo indica que el linaje López de Tabasco llegará a un sexenio y ya.
Hoy, al segundo de los cuatro hijos de AMLO el gobierno de Estados Unidos le retiró la visa de turista. Y Andy, desde su contexto y realidad, al presidente Trump le pidió cuentas, exigió consecuencias para quienes le cerraron la puerta y más aún; pide a todos estar atentos al nuevo embate gringo en contra de la soberanía nacional. O sea, ¿la patria soy yo (ni siquiera mi padre)? O sabe algo que nadie más nos ha avisado.
La solidaridad de la 4T con Andy pasa por hacernos ver que una visa para entrar a Estados Unidos no define a nadie ni condena a Andy, hasta provocar un desplegado de abajo firmantes de Morena que brindan su respaldo al segundo de cuatro hijos de AMLO.
¿Y si mejor sus compañeros de lucha van y botan sus visas estadounidenses para hacer patente que el dichoso american way of life no les va ni lo necesitan?
México y Estados Unidos tienen miles de expedientes más importantes que atender. Hay mucho en juego en la relación binacional.
Retirar la visa de un prospecto a candidato a diputado federal por un partido —el nuevo partidazo— por Tabasco para el próximo año sólo importa por ser hijo de quien es. Porque el impacto es a la imagen del expresidente. Y el problema político es para la Presidenta.
Golpea la épica lopezobradorista sobre la honestidad y la austeridad. Bronca para el segundo piso de la 4T que lucha por contener y negociar los ánimos injerencistas del impredecible inquilino de la Casa Blanca.
Escándalo que suma para la amplificación digital artificial de los anónimos opositores internacionales a sueldo de quién sabe quién al Gobierno y al proyecto del movimiento. Sí, se antojan palomitas para lo que escuchamos.
Los laberintos del oficialismo
