VIÑETAS LATINOAMERICANAS

Lorca y México

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Cuando Federico García Lorca fue detenido por las fuerzas franquistas en Granada, en agosto de 1936, y poco después asesinado y enterrado en una fosa común, estaba preparándose para viajar a México. Aquí se encontraba su amiga Margarita Xirgu Subirá, actriz y dramaturga catalana, que, desde abril de ese año, estaba exiliada en La Habana y preparaba una temporada de puestas en escena de Lorca en la Ciudad de México.

Xirgu había estrenado en Barcelona casi todas las obras de Lorca (Mariana Pineda, La zapatera prodigiosa, Yerma, Doña Rosita la soltera, Bodas de sangre) y había trabajado directamente con el poeta en la creación de La casa de Bernarda Alba. El proyecto de ambos era que Lorca se embarcase cuanto antes a México, para evitar que fuese arrestado por el franquismo, luego del levantamiento fascista de julio de 1936 contra la Segunda República.

Lorca no viajó nunca a México, aunque tenía muchos amigos y amigas mexicanos y varias veces estuvo a punto de llegar. Una de ellas fue en 1930, cuando entre marzo y junio de ese año estuvo en La Habana, al final de su estancia en Nueva York. Luego, a fines de 1933 y principios de 1934, Lorca recorrió Argentina, Uruguay y Brasil y tuvo una actividad frenética en la ciudad de Buenos Aires. Con varios de sus amigos mexicanos, especialmente con Salvador Novo y Alfonso Reyes, a quienes vio en Buenos Aires, habló de su deseo de visitar México.

El 22 de noviembre de 1933, en Buenos Aires, Reyes anota en su Diario: “cien representaciones de Bodas de sangre de Federico García Lorca en el Avenida. Maravilla pura, da gusto que esto salga en la vida de uno”. Unos días después, apunta que ha asistido, con Lorca, a un ensayo de La zapatera prodigiosa en el mismo teatro Avenida. Luego, en marzo, de regreso a España, Lorca visitó a Reyes en Río de Janeiro junto a su amigo del teatro La Barraca, el arquitecto y escenógrafo Manuel Fontanals.

También en Buenos Aires se encontró Lorca con Salvador Novo, quien, como Reyes, formó parte de la delegación mexicana a la Conferencia Panamericana de Montevideo en 1933. En su libro Continente vacío (1935), Novo narra el encuentro en el hotel Castelar y dice que también asistió a un ensayo en el Avenida. Luego comieron los dos en un restaurante de la Costanera y Lorca acabó cantando “La Adelita”, elogiando a Pedro Henríquez Ureña, a quien también vieron en Buenos Aires, y criticando a José Vasconcelos por el suicidio de Antonieta Rivas Mercado.

Tras el asesinato del poeta, Reyes escribió una “Cantata en la tumba de Federico García Lorca”, una pieza teatral poco conocida, que entre 1936 y 1938 se representaba en cuanto homenaje se hiciera al escritor granadino en capitales latinoamericanas. Margarita Xirgu, muy amiga también de Reyes, declamó aquella cantata junto con poemas de homenaje a Lorca como “El crimen fue en Granada” de Antonio Machado, “Elegía primera” de Miguel Hernández, “A un poeta muerto” de Luis Cernuda o la “Oda a Federico García Lorca” de Pablo Neruda.

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