CARTAS POLÍTICAS

El favorito

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

La relación entre México y Estados Unidos es tan amplia que admite varias paradojas. Mientras Washington ha retirado las visas a más de 50 políticos y funcionarios mexicanos, entre ellos gobernadores y Andrés Manuel López Beltrán, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, se ha convertido en el mexicano favorito de la Casa Blanca y de Palacio Nacional.

La confianza de Claudia Sheinbaum en Harfuch viene de la Ciudad de México. Harfuch se incorporó en junio de 2019 como jefe de la Policía de Investigación y Coordinador de Inteligencia del Gabinete de Seguridad. Venía de la Policía Federal y de dirigir la Agencia de Investigación Criminal de la PGR con Enrique Peña Nieto. Es decir, no provenía del obradorismo ni había construido su carrera dentro de Morena.

Cuatro meses después sustituyó a Jesús Orta en la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Oficialmente, Orta renunció por motivos personales, aunque salió tras meses de cuestionamientos por la violencia y el desempeño de la policía capitalina. Sheinbaum apostó por un perfil de inteligencia y operación. Entre 2019 y 2022, los delitos de alto impacto disminuyeron alrededor de 50% y el homicidio doloso cerca de 48 por ciento.

En 2023 ganó la encuesta interna de Morena para competir por la Jefatura de Gobierno, pero la regla de paridad llevó la candidatura a Clara Brugada. El episodio confirmó algo que con el tiempo se volvió más evidente: Harfuch es popular, pero no cuenta con el respaldo del morenismo más puro. Su principal capital político proviene de la confianza de Sheinbaum. En octubre de 2024, la Presidenta lo colocó al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Los resultados oficiales explican su protagonismo. Entre septiembre de 2024 y julio de 2026, el promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86 a 42, una reducción de 51%. El Gobierno también reporta más de 63 mil detenciones por delitos de alto impacto, 32 mil armas aseguradas, 518 toneladas de droga decomisadas y más de 2,700 laboratorios clandestinos desmantelados.

Las cifras son importantes, pero cuentan sólo una parte de la historia. Mientras los homicidios disminuyen, el número de personas desaparecidas continúa creciendo. El Registro Nacional superó en junio las 135 mil personas desaparecidas y no localizadas. A ello se suman la extorsión, la violencia en Sinaloa y los asesinatos políticos. La centralidad de Harfuch también responde a las expectativas de Estados Unidos sobre la seguridad en México.

Harfuch se ha convertido en una especie de embajador de seguridad con el vecino del norte. Esta semana participó en Buenos Aires en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA y el gobierno argentino. La recepción fue extraordinaria. Terry Cole, director de la DEA, lo llamó “socio de confianza” y “buen amigo de Estados Unidos”. Harfuch agradeció el intercambio de inteligencia, el apoyo tecnológico y la velocidad con la que ahora circula la información. Incluso reconoció que, en ocasiones, el intercambio de información ha permitido a ambos gobiernos acortar los tiempos de respuesta.

La escena y el reconocimiento contrastan con el resto de la relación bilateral. Mientras Trump y otros funcionarios estadounidenses cuestionan a México, cancelan visas y mantienen abierta la amenaza de acciones militares contra los cárteles, Harfuch recibe elogios. Sheinbaum defiende públicamente la soberanía y cuestiona la intromisión de Estados Unidos y la política de cancelación de visas, mientras su secretario mantiene abiertos los canales con Washington.

Ser el favorito del gobierno de Trump y de Claudia Sheinbaum tiene ventajas. Le da acceso directo a la Presidenta, la confianza de las agencias estadounidenses y margen para mantener la cooperación aun cuando la relación bilateral se deteriora. También fortalece su posición y lo convierte en uno de los pocos funcionarios mexicanos con interlocución efectiva en Washington.

Sin embargo, esa doble confianza tiene costos. Para el morenismo más duro, la cercanía con la DEA confirma la distancia. El respaldo presidencial no elimina la desconfianza. La incomodidad crecerá con cada político de Morena al que Estados Unidos retire la visa o vincule con alguna investigación.

Como Harfuch es un funcionario clave y de confianza para Washington, resulta difícil pensar que desconozca por completo las investigaciones estadounidenses que no se han hecho públicas. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿qué sabe el secretario sobre los funcionarios mexicanos que Estados Unidos considera poco confiables? Si Washington le comparte información que el Gobierno mexicano dice no tener, la pregunta ya no es sólo qué sabe Harfuch, sino qué puede hacer Sheinbaum con esa información dentro de Morena.

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