Para el Gobierno federal y para el saltimbanqui Rocha Moya todo indica que lo que menos les importa son las y los sinaloenses.
A lo largo de más de dos años, Sinaloa ha vivido entre la violencia, la muerte, el temor, los secuestros, el cierre de comercios, en medio del terror sin que la autoridad, ni federal ni estatal, hayan salido en defensa de los ciudadanos.
En estos dos años, los sinaloenses han vivido contra la pared y en medio de promesas de que ahora sí se van a resolver todos sus problemas. En el cinismo que acompaña a Rocha Moya, cuando le preguntaron cuándo se iban a resolver los problemas en el estado, dijo que “cuando se dejen de pelear”.
En innumerables conversaciones que hemos sostenido con ciudadanos sinaloenses, es claro que se sienten olvidados sin que nadie, absolutamente nadie, salga en su defensa ni apoyo. Un absurdo más: Rocha aseguró que regresaba para cumplir con las y los sinaloenses que lo eligieron.
La 4T está en medio de su mayor crisis. Lo paradójico es que no la provocó la oposición, sino que son las confrontaciones internas, como se había previsto, las que lo tienen bajo una coyuntura de rompimiento mayor.
Rocha regresó y se fue como parte de una estrategia, difícilmente lo hizo como un impulso, y lo peor es que evidenció las diferencias internas en la 4T, aunque ahora todos hayan echado la cargada en apoyo a la Presidenta. No dudamos que en pocos días haya un gran acto en el Zócalo para manifestar la cohesión y la unidad, difícil de creer.
Bajo el no pasa nada, Rocha entró y salió sin que suceda absolutamente nada, más allá de las broncas internas. Nadie quiere perder su tajada de poder y, seguramente, unos y otros apechugarán. Lo que aparece por doquier son golpes de pecho para reiterar que no son como los de antes, a estas alturas ya no hay manera de creerles.
Hay quienes elogian, hágame el favor, a Rocha porque tomó la decisión de dejar de nuevo el cargo. Ahora resulta que hay que festejar a un hombre señalado que sin consultar o hablarlo con las principales autoridades va y viene. En el colmo, hay también quien asegura que Rocha “honra su trayectoria”, pasando por alto los desfiguros, que incluyen haber tomado una decisión unilateral, que pasó por encima de la Presidenta, del Congreso del estado, de su partido.
Lo que hizo provocó especulaciones de toda índole que incluyen al expresidente en una hipotética confrontación con la Presidenta, quien aseguró que se enteró a través del mensaje en X del personaje.
Lo que están haciendo es buscar pasar la página. Están entrando en el terreno en que están perdiendo la narrativa y la credibilidad y, lo más grave, es que están llevando al país con toda la fuerza que tienen a un callejón sin salida y una franca provocación con EU, que si algo ha hecho en los últimos dos años es tenernos en la mira como una obsesión, un pretexto apuntalado por nuevas formas en que está desarrollando su estrategia imperial.
Si alguien defendió a Rocha Moya fue la Presidenta. Con su insistente “pruebas”, “pruebas” lo que hizo fue colocar con un halo protector a un personaje que por todos lados estaba siendo señalado, al cual solamente la autoridad mexicana veía de otra manera.
El exgobernador, al igual que muchos de la 4T, se mueve con expresiones ideologizado y desgastado: “Me voy con la frente en alto”, “nos ataca la derecha”, y, como Pepe el Toro, “soy inocente”.
La gran interrogante es por qué el Gobierno y su entorno defienden al personaje. Rocha se fue por la libre, porque pudiera tener información que le permite saber que se cierra el círculo en su entorno. El Gobierno lo defendió por lo que puede provocar su detención en la 4T.
Van tras algunos de ellos y se ponen de pechito.
RESQUICIOS.
Ya no hay manera de defender a Rocha. Es momento para que la Fiscalía se meta en serio y no de manera acomodada. Las cosas ya no son como hace algunos días y fue el cada vez más cuestionado personaje quien lo provocó.
Rocha, entre Palenque y Palacio
