Estados Unidos enfrenta un desequilibrio fiscal que comienza a modificar el funcionamiento de los mercados financieros internacionales. La deuda federal acaba de superar los 40 billones de dólares y el déficit presupuestario se mantiene cercano a 6% del PIB, un nivel excepcionalmente elevado para una economía que no se encuentra en recesión. Más importante aún, el problema tiene un carácter estructural.
La Oficina de Presupuesto del Congreso estima un déficit cercano a 1.9 billones de dólares este año. Al mismo tiempo, el pago neto de intereses ronda un billón de dólares y se ha convertido en uno de los principales componentes del gasto federal. La combinación de deuda creciente y tasas relativamente elevadas comienza así a retroalimentar el desequilibrio fiscal.
El mecanismo es relativamente sencillo. Déficits elevados requieren mayores emisiones de bonos. Una oferta creciente de deuda obliga al Tesoro a competir por el ahorro disponible y puede aumentar el rendimiento exigido por los inversionistas. Tasas más altas elevan gradualmente el costo de refinanciar la deuda, incrementan el gasto por intereses y dificultan la reducción futura del déficit.
Las tasas de largo plazo reflejan esta preocupación. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años recientemente superó 5%, mientras que el de 10 años se mantiene alrededor de 4.7%. No todo este comportamiento responde al deterioro fiscal: también influyen las expectativas de inflación, la trayectoria de la política monetaria y la prima por plazo. Sin embargo, el creciente volumen de deuda que deberá absorber el mercado se ha convertido en un factor relevante.
Esta situación plantea además un dilema para la Reserva Federal. Una política monetaria restrictiva contribuye a contener la inflación, pero mantiene elevado el costo financiero del gobierno. Una reducción acelerada de las tasas podría aliviar parcialmente esa presión, pero también reavivar las expectativas inflacionarias y debilitar al dólar.
Es precisamente esta tensión la que ha favorecido el denominado debasement trade: la búsqueda de activos capaces de preservar valor ante la percepción de un posible deterioro del poder adquisitivo de las monedas fiduciarias. El oro ha sido el beneficiario más evidente. Bitcoin también ha comenzado a desempeñar ese papel para algunos inversionistas, aunque con una volatilidad y un perfil de riesgo considerablemente mayores.
El problema trasciende a Estados Unidos. Los bonos del Tesoro constituyen la principal referencia para determinar el precio de los activos financieros internacionales. Si aumenta estructuralmente la tasa libre de riesgo estadounidense, también se encarece el financiamiento de empresas, hogares y gobiernos alrededor del mundo. Se produce así un efecto de desplazamiento —crowding out— mediante el cual las necesidades de financiamiento público estadounidense absorben una proporción creciente del ahorro disponible.
México no está aislado de este proceso. Paradójicamente, hasta ahora uno de sus efectos ha sido la apreciación del peso. El debilitamiento internacional del dólar, junto con el diferencial de tasas, la elevada liquidez del peso y los flujos externos, han favorecido a la moneda mexicana.
Pero un peso fuerte genera efectos encontrados. Reduce el costo de las importaciones y contribuye a contener la inflación, pero disminuye los ingresos en pesos de exportadores y receptores de remesas y puede reducir los márgenes de algunos sectores manufactureros.
Por ello, sería equivocado interpretar la apreciación cambiaria exclusivamente como reflejo de una mayor fortaleza de la economía mexicana. Una parte importante responde a factores externos.
La paradoja es significativa: el deterioro fiscal estadounidense puede contribuir a debilitar al dólar mientras mantiene elevadas las tasas internacionales de largo plazo. Para México esto significa convivir con un peso fuerte y, simultáneamente, con un costo internacional del capital elevado: una combinación favorable para la inflación, pero considerablemente más compleja para la inversión, las exportaciones y el crecimiento.
Morena y el gran elector
