LAS BATALLAS

El narco en tiempos del like

Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

A los narcos siempre les ha gustado presumir y obtener reconocimiento. Que se conozcan sus nombres, sus territorios, sus fortunas, sus excesos y, sobre todo, sus más grandes “hazañas”. Para ellos no basta ejercer el poder criminal. Hay que mostrarlo, presumirlo y conseguir que otros hablen de él.

Durante décadas, alrededor de los grandes capos del narcotráfico en México se desarrolló una enorme subcultura popular: la narcocultura. La alimentaron historias contadas de boca en boca, leyendas sobre hombres intocables y relatos en los que la violencia terminó convertida en sinónimo de poder.

Después, por encargo o por iniciativa propia, llegaron los corridos y luego los narcocorridos. La televisión y el cine encontraron en sus vidas historias capaces de atraer grandes audiencias y se desarrolló toda una industria del entretenimiento anclada en relatos, reales o ficticios, sobre el mundo del narcotráfico.

El narcotraficante dejó de ser únicamente un personaje clandestino para convertirse, demasiadas veces, en una figura popular: temida, admirada, imitada y a veces hasta protegida por las propias comunidades. Hasta que llegaron las redes sociales y entonces el TikTok, Instagram, Facebook y YouTube cambiaron las reglas.

Los narcos entendieron la fuerza de los algoritmos, el poder de millones de seguidores y la capacidad de un influencer para construir reputaciones, proyectar estilos de vida y multiplicar mensajes sin intermediarios. Los narcos descubrieron el valor de un like. Y la guerra también llegó a las redes.

Ya no sólo se trata de controlar territorios, carreteras, puertos, aduanas, rutas de trasiego o comunidades enteras. En una sociedad que pasa buena parte de su vida mirando la pantalla de un teléfono, tener notoriedad y proyectar poder también cuenta.

En esa nueva arena aparecen jóvenes capaces de reunir audiencias de cientos de miles —incluso millones— de seguidores mostrando automóviles de lujo, relojes, fiestas, viajes, mujeres, armas, ropa de diseñador y estilos de vida difíciles de explicar para buena parte de quienes los observan detrás de una pantalla.

Y en medio de ese universo digital también apareció la violencia. Entre 2024 y agosto de 2026, al menos 19 influencers y creadores de contenido han sido asesinados en México. Ocho de ellos en Sinaloa, epicentro de la guerra criminal desatada tras la caída de Ismael El Mayo Zambada. No todos relacionados directamente con las operaciones criminales.

Versiones periodísticas reporta que cuatro de ellos fueron asesinados en 2024, 11 durante 2025 y cuatro más en lo que va de este año.

Insisto, no todos estaban relacionados con el crimen organizado peor fueron víctimas indirectas… No todos fueron víctimas del narcotráfico. Sería irresponsable afirmarlo. Pero sería igualmente ingenuo ignorar lo que está ocurriendo.

Ahora la exposición funciona las 24 horas, cabe en un teléfono celular y puede alcanzar a millones de jóvenes. La narcocultura encontró el algoritmo.

Pues sí, no se necesita una campaña publicitaria cuando un muchacho con un teléfono puede colocar frente a millones de personas una determinada representación del éxito: dinero inmediato, poder, impunidad, excesos y reconocimiento social.

El mensaje está ahí, todos los días, al alcance de cualquier adolescente con un celular.

Pero entrar en ese mundo también tiene consecuencias.

En enero de 2025 fueron lanzados sobre Culiacán, desde una avioneta, miles de volantes con fotografías y nombres de músicos, empresarios e influencers a quienes se atribuían presuntas relaciones con una de las facciones enfrentadas del Cártel de Sinaloa; era propaganda en medio de una guerra criminal intestina. Algunos de los personajes terminaron muertos.

Gail Castro, Gail Toys, hermano del conocido youtuber Markitos Toys, fue asesinado el 28 de marzo de 2025 dentro de un restaurante en Ensenada. Camilo Ochoa, El Alucín, fue asesinado meses después en Temixco, Morelos. Ambos habían aparecido en aquellos volantes.

Antes habían sido asesinados otros personajes conocidos en las redes sinaloenses: José Carlos López, El Chilango; Jesús Miguel Vivanco, El Jasper; Leovardo Aispuro, El Gordo Peruci; Agustín Paul, El Pinky; Adal Peña, El Tata, y Víctor Manuel, El Brasileño. Los nombres comenzaron a acumularse. También los seguidores y los muertos.

Y el fenómeno no se quedó en Sinaloa. El 13 de mayo de 2025, Valeria Márquez transmitía en vivo desde su salón de belleza en Zapopan cuando un hombre llegó con el pretexto de entregarle un paquete. Segundos después le disparó. Tenía 23 años. Miles vieron su murte en tiempo real.

Las redes sociales permiten construir celebridades, pero también exhiben rutinas, domicilios, automóviles, negocios, amistades, viajes y ubicaciones, insisto, en tiempo real. El influencer vive de mostrarse.

El caso de César Daniel Nolazco Gastélum, Cesarín, llevó esa exposición al extremo. Tenía más de 700 mil seguidores en TikTok y el 4 de agosto realizaba una transmisión en vivo en Culiacán cuando dos hombres llegaron en motocicleta. Uno de ellos descendió y le disparó.

La cámara siguió transmitiendo.

Ayer, 22 días después del crimen, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, informó que trabajos de inteligencia del Centro Nacional de Inteligencia permitieron localizar en Puebla a Jesús Alberto “N”, señalado como uno de los dos hombres que presuntamente dispararon contra Gastélum.

Cuando agentes federales realizaron el operativo fueron atacados por tres hombres armados. Hubo un enfrentamiento. Uno de los agresores murió y dos fueron detenidos, entre ellos el presunto homicida del influencer. Las autoridades aseguraron tres armas de fuego, cartuchos y vehículos.

Durante décadas el narcotraficante necesitó que alguien contara su historia. Al compositor que escribiera el corrido, al cantante que lo interpretara, al productor que llevara su vida a una pantalla o al periodista que publicara su fotografía… ya no, ahora basta un teléfono, una cuenta en redes sociales para convertir en minutos a un desconocido en personaje. Sí, los narcos ya descubrieron el valor de un like.

RADAR

QUERÉTARO. La dirigencia nacional del PAN no puede darse el lujo de jugar con afinidades personales cuando el contexto político exige ir a la segura. Tras la designación de Santiago Nieto para encabezar a la 4T queretana rumbo a 2027, Luis Nava se perfila como el perfil capaz de garantizar unidad al PAN en Querétaro y mantener vivo el proyecto político de Acción Nacional en la entidad. Su experiencia en los tres niveles de gobierno y su capacidad de interlocución política lo colocan como una de las cartas más sólidas del blanquiazul para enfrentar el avance guinda, nos aseguran

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