FRENTE AL VÉRTIGO

El punto de presión

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

Rubén Rocha Moya regresó el viernes a la gubernatura de Sinaloa y 34 horas después volvió a pedir licencia. Habían pasado 112 días desde que dejó el cargo tras las acusaciones presentadas en Estados Unidos. En su intento, sostuvo que la FGR no encontró elementos en su contra y que volvía con “la frente limpia y en alto”. Sin embargo, a diferencia del primer semestre durante el cual la Presidenta y Morena cerraron filas para defender el debido proceso y la soberanía nacional, en agosto la reacción fue muy distinta.

Esta vez, la Presidenta señaló que se enteró por el tuit de Rocha y calificó su decisión como imprudente y poco pertinente. Morena, sus aliados y 23 gobernadores se alinearon con ella. Segob informó que las carpetas de investigación siguen abiertas y que no se ha exonerado a nadie. Apenas una semana antes, el partido había cerrado filas alrededor de Andrés López Beltrán tras la cancelación de su visa. Con Rocha ocurrió lo contrario.

Múltiples lecturas y especulaciones se han hecho alrededor de la reacción: Hay quienes ven en la reacción de la Presidenta y la subsecuente alineación del partido, un claro desencuentro con el grupo cercano de López Obrador —recordar que AMLO se refería frecuentemente a Rocha como su hermano—.

Hay quienes atribuyen el regreso de Rocha a un intento por recuperar el fuero tras la detención de Fausto Corrales, colaborador de su principal rival político, Héctor Melesio Cuén —asesinado el día de la captura de El Mayo Zambada—, y ante avances en las investigaciones sobre presuntos vínculos entre funcionarios estatales y el Cártel de Sinaloa.

También hay quienes ven un golpe en la mesa para poner orden y privilegiar la relación con Estados Unidos. Marcelo Ebrard viajó este martes a Washington para continuar las negociaciones con Estados Unidos por el T-MEC. Canadá y Estados Unidos ya entraron en una “guerra comercial” y México busca mantener una relación distinta con la administración Trump.

Lo cierto es que luego de ver al régimen unido acompañando a Rocha Moya durante abril, mayo y junio, la reacción de agosto sorprende. Una vez más se revelan tensiones dentro del régimen en las que la Presidenta y la dirigencia del partido se ven enredados intentando mantener la unidad, mientras se cuidan de no confirmar las sospechas de impunidad de cara a Estados Unidos a la luz de sus acusaciones e investigaciones.

Sheinbaum y Harfuch han empujado, en una estrategia frontal en contra del Cártel Jalisco Nueva Generación, y han detenido a sus principales cabecillas. Claramente, la estrategia de seguridad ha cambiado frente al sexenio anterior y ha dado buenos resultados. Tanto que ha recibido elogios. Pero esos intentos son insuficientes a los ojos de Estados Unidos, que ha encontrado en la génesis de la política mexicana su principal punto de presión: los políticos corruptos.

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