Lindsay Clancy es enfermera de sala de partos del Massachusetts General Hospital, mató a sus tres hijos el 24 de enero de 2023 en el sótano de su casa en Duxbury, Massachusetts.
Ella lo reconoce, así como su propia defensa. Al momento de escribir estas líneas, después de cinco semanas de juicio, el jurado de la Corte Superior del condado de Plymouth escucha los alegatos finales y entra a deliberar sobre la única pregunta que sigue abierta: si esa mujer era capaz de entender lo que estaba haciendo.
Clancy padecía un serio trastorno por una psicosis posparto, asociada además con un trastorno bipolar. En abril del 2023, el psiquiatra forense, Dr. Phillip Resnick, declaró que en varias ocasiones detectó que estaba “francamente psicótica”.
Los niños eran Cora, de cinco años; Dawson, de tres, y Callan, de ocho meses. Cora y Dawson murieron esa misma noche en el hospital, tras ser estrangulados por su propia madre. Callan llegó en paro cardiaco, fue trasladado en helicóptero al Boston Children’s Hospital y murió tres días después, el 27 de enero. Esa noche, Lindsay se lanzó desde la ventana de un segundo piso. Sobrevivió con la columna fracturada y quedó paralizada.
TRAGEDIA
Pensaba suicidarse y antes de dejar a los niños huérfanos de madre los asesinó. Estamos hablando de una mujer que constantemente pidió ayuda por su psicosis postparto. Ya no podía sola, y siendo una trabajadora de la salud, sabía que no estaba en su sano juicio.
Lo que convirtió este caso en una discusión nacional sobre salud mental en Estados Unidos no es lo que ocurrió esa noche. Es lo que ocurrió durante los cuatro meses anteriores.
Su bebé Callan nació en mayo de 2022. Patrick Clancy, entonces esposo de Lindsay y primer testigo del juicio, declaró que el deterioro empezó en septiembre, cuando ella se preparaba para volver a trabajar y le costaba separarse de sus hijos. Vinieron el insomnio, la ansiedad, los ataques de pánico y los
pensamientos suicidas.
Durante el juicio se estableció que en cuatro meses recibió 13 medicamentos psiquiátricos distintos. En diciembre de 2022 llamó a una línea de prevención del suicidio. El 1 de enero de 2023 se internó por decisión propia en el hospital psiquiátrico McLean por ideación suicida y salió el 5 de enero. Diecinueve días más tarde mató a sus hijos.
La demanda civil que presentó Patrick Clancy contra los médicos sostiene que en ese periodo las consultas duraban alrededor de 17 minutos. La última fue el 23 de enero, un día antes.
La propia exsuegra, abuela de los tres niños, abogó por Lincey, ella también era enfermera pediátrica. Susan Clancy, madre de Patrick, declaró el martes 18 de agosto como testigo de la defensa. Contó que en noviembre de 2022 Lindsay se le acercó para decirle que no se sentía bien: insomnio, pérdida de apetito, ansiedad. Susan movió sus contactos profesionales para inscribirla en el Programa de Salud Conductual Perinatal de South Shore Health.
Cuando el abogado defensor le preguntó si Lindsay realmente quería atenderse, respondió: “Estaba suplicando ayuda”.
Al jurado le mostraron los mensajes entre las dos. El 30 de noviembre de 2022 Lindsay le escribió que no estaba bien y que le aterraba tomar los medicamentos esa noche. En otros mensajes le dijo que sentía que estaba desarrollando dependencia a las benzodiacepinas y que sus médicos le estaban haciendo caso. Susan incluso la describió ante el jurado como una madre cariñosa y dedicada a sus hijos.
Susan, entendiendo la situación que atravesaba la madre de sus tres nietos, fue a declarar a favor de ella, aun después de haber perdido a esos tres bebés.
Por otro lado, la fiscalía sostiene que Clancy sabía lo que hacía. Que esa tarde llevó a su hija al pediatra, hizo muñecos de nieve con los dos mayores y después mandó a su marido por la cena para quedarse sola en la casa.
El último testigo de la acusación, el psiquiatra forense Gregory Saathoff, declaró el miércoles que Clancy tenía capacidad para distinguir el bien del mal en el momento de los hechos. Días antes, el psicólogo forense Kirk Heilbrun la diagnosticó con trastorno bipolar II y sostuvo que no atravesaba una psicosis aguda; puso en duda las alucinaciones porque Clancy sólo reportó haber escuchado una voz masculina en el momento del crimen, no antes ni después.
La defensa, a cargo del abogado Kevin Reddington, sostiene que Clancy vivía una psicosis posparto, una enfermedad poco frecuente asociada al estrés, la falta de sueño y los cambios hormonales que siguen al parto. El psiquiatra forense Phillip Resnick declaró que Clancy creía que les hacía un favor a sus hijos al llevárselos con ella, en lugar de dejarlos vivos sin una madre que los criara. Clancy no subió al estrado en ningún momento del juicio.
En Massachusetts, la fiscalía tiene que probar más allá de toda duda razonable que la acusada era penalmente responsable. El pasado miércoles, al cerrar el desahogo de pruebas, el juez William Sullivan adelantó que permitirá al jurado considerar también el cargo menor de homicidio, y no sólo el de asesinato.
Si la declaran culpable de asesinato en primer grado, la pena es cadena perpetua sin libertad condicional. Si el jurado concluye que no era penalmente responsable, el camino es el internamiento en una institución psiquiátrica del estado.
En paralelo, en la Corte Superior del condado de Norfolk corren dos demandas civiles. Patrick Clancy demandó por muerte injusta y negligencia médica a la psiquiatra Jennifer Tufts, a las enfermeras especializadas Rebecca Jollotta y Julie Paul, a la terapeuta Lateisha Dukes y a las instituciones Aster Mental Health y South Shore Health.
Lindsay Clancy presentó su propia demanda con 11 demandados: además de los anteriores, el McLean Hospital, el Women & Infants Hospital de Rhode Island, y tres psiquiatras más. Ninguna de las dos demandas fija un monto. Ambas alegan fallas en el diagnóstico, en la coordinación del tratamiento y en el manejo de los medicamentos.
Por lo pronto, los abogados de los proveedores pidieron desechar la demanda de Patrick Clancy con el argumento de que la ley de Massachusetts protege a los profesionales de salud mental de la responsabilidad por delitos cometidos por sus pacientes.
Aquí el tema central es la salud mental y cómo ésta puede afectar a tantas personas.
El problema de fondo no es exclusivo de Estados Unidos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, en México la depresión alcanza a nueve por ciento de las mujeres durante el embarazo y a 13 por ciento en el posparto. Son cifras de este año, presentadas en mayo.
Patrick Clancy perdió a sus tres hijos y pidió públicamente que no definieran a su exesposa por lo que pasó esa noche. Su madre perdió a sus tres nietos y fue a declarar en su defensa. Está en manos del jurado decidir si Lindsay Clancy es penalmente responsable de tres muertes.
Lo cierto es que el verdadero tema está en la salud mental, en lo difícil que la tienen tantas mujeres en los embarazos y con los cambios hormonales. Los sistemas de salud tienen que darles prioridad a los problemas de salud mental, y es muy difícil, porque no son enfermedades que claramente se ven, pero sí afectan, y mucho, a las personas.
Morena y el gran elector
