Hugo Chávez y Nicolás Maduro quisieron hacer creer a los venezolanos que la era de la Revolución bolivariana sería eterna, como la cubana. El inicio de esa nueva edad dorada se presentó como una ruptura no sólo con el pasado neoliberal más inmediato, de los años 80 y 90, confrontado por el levantamiento del Caracazo en 1989, sino con todas las dictaduras y los populismos previos, las de Gómez y Pérez Jiménez y la Cuarta República de Acción Democrática y COPEI a partir de 1958.
En contra de aquella periodización de las repúblicas numeradas (la tercera, la cuarta, la quinta…), el antropólogo venezolano Fernando Coronil, profesor de la City University of New York (CUNY), propuso pensar la historia moderna de Venezuela a través de distintas variantes de lo que llamaba el “Estado mágico”. Desde que, en tiempos del dictador Gómez, Venezuela se convirtió en uno de los principales productores de petróleo del mundo, emergió ese Estado mágico.
En forma de dictaduras o populismos de izquierdas o derechas, el Estado mágico se ha hecho presente en Venezuela por medio de la extracción y la renta petrolera como motores de la economía nacional. Fuera soberanista o neocolonial, nacionalizador o dependiente de las compañías estadounidenses, aquel Estado mágico moldeó la historia del país suramericano durante un siglo consecutivo.

• Cuadro de honor
Ahora ese Estado mágico entra en una fase de recolonización. Con el reciente acuerdo petrolero, Estados Unidos controlará más del 21.5% de las reservas energéticas de Venezuela, que equivalen a 17 yacimientos petroleros y la extracción de 65,000 millones de barriles por los próximos 25 años. El antecedente mejor descrito del acuerdo sería el paquete de concesiones petroleras que la dictadura de Juan Vicente Gómez ofreció a Estados Unidos en 1922.
En tiempos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el Estado mágico jugaba a las alternativas geopolíticas en el Gran Caribe. Caracas selló una alianza fundamental con la Cuba de Fidel Castro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel, promovió el modelo del “socialismo del siglo XXI” por toda América Latina y se alió con Irán, Rusia, China y otros rivales de Washington.
Desde enero de 2026, bajo un gobierno encabezado por chavistas y maduristas, como Delcy y Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, el rentismo venezolano se fusiona con el neoextractivismo trumpista y produce una suerte de corporación energética binacional que redefine el presente del Gran Caribe. La Doctrina Donroe y el Escudo de las Américas encuentran en Venezuela y Colombia sus dos principales piezas: la energética y la militar.
La nueva fase del Estado mágico venezolano no es, por supuesto, un fenómeno aislado dentro de lo que queda del bloque bolivariano. Tanto en Cuba como en Nicaragua hay tendencias reconocibles a un autoritarismo abierto a inversiones y créditos preferenciales de Estados Unidos. Esa visión de sultanato neocolonial intenta avanzar en los tres países.

Luces y sombras

