Hay momentos que nos cambian para siempre, y uno de ellos es cuando un padecimiento sacude nuestras vidas. De pronto, todo aquello que parecía cotidiano pasa a segundo plano y comienza un camino marcado por la incertidumbre, el miedo, pero también por la fortaleza y las ganas de salir adelante. Hace 15 años, Ana María Sánchez recibió un diagnóstico de cáncer. Durante ese proceso, buscó respuestas, leyó a médicos y especialistas, pero sintió que le hacía falta algo fundamental: escuchar la voz de quien ya hubiera recorrido ese camino como paciente.
De esa experiencia nació ¡Tú eres la medicina!, publicado por Editorial Grijalbo, un poderoso testimonio para transitar la incertidumbre de la enfermedad y entender, desde la experiencia de una sobreviviente, todo aquello que puede ayudar a recuperar la salud y las ganas de vivir.
Esta semana, para La Razón, platicamos con Ana María Sánchez sobre su historia, lo que aprendió durante estos 15 años y por qué decidió convertir una de las etapas más difíciles de su vida en una herramienta para acompañar a otros.
Bibiana Belsasso (BB): En el libro dices que estabas en uno de los mejores momentos de tu vida: bien con tu pareja, con tus dos hijos. Nunca imaginas que pueda llegar un golpe así.
Ana María Sánchez (AMS): Totalmente. Siempre piensas que este tipo de cosas les van a pasar a otros. Uno nunca piensa que a ti o a los tuyos. Tenía 44 años, a mis niños chiquitos y, cuando recibes un diagnóstico de cáncer, lo relacionas con la muerte. En ese momento pensé que me iba a morir. Fue una noticia muy fuerte.
BB: ¿Cómo te dieron la noticia? ¿Cómo descubriste que tenías cáncer?
AMS: Me empecé a sentir un poco mal de los intestinos y de la digestión. Fui al doctor, me hice unos estudios, no le gustaron y me mandó a hacer otros. Después nos fuimos de vacaciones mi marido, mis hijos y yo. No tuve tiempo de procesarlo ni de buscar otras opiniones. Por un lado, entré en shock a la cirugía; por otro, todavía no me caía lo que estaba sucediendo.
BB: ¿Qué tipo de cáncer era?
AMS: Cáncer renal de células claras, que es muy duro. Sobre todo porque hace 15 años no existían tratamientos para este tipo de cáncer. La cirugía era la única opción. Me quitaron el riñón derecho y me fui a mi casa. No hubo otro tratamiento en ese momento. Los tomé cinco años después, cuando ya existía la inmunoterapia. Fue entonces cuando comenzaron los cambios de hábitos: la alimentación, meditación y todo lo que podía hacer para ayudar a mi cuerpo a regularse y sanar.
BB: ¿Qué recomendarías a alguien que acaba de recibir un diagnóstico?
AMS: Hay tres ejes importantes en el libro. Uno es la conciencia: trabajarla por medio de la meditación, la fe y toda la parte espiritual. El segundo es la red de apoyo. Hay que dejarse ayudar. Y el tercero es la alimentación, el ejercicio y distintas herramientas de bienestar que puedes utilizar como una estrategia complementaria.
BB: ¿Hasta dónde puede ayudarnos nuestro propio cuerpo y hasta dónde necesitamos de la medicina? ¿Cómo conviven ambas cosas?
AMS: Yo estoy cien por ciento a favor de la ciencia. En mi libro, la recomendación es que te dejes guiar por tu médico. Pero también hay una parte muy importante: asumir la responsabilidad que a ti te corresponde. Dormir bien, comer bien, moverte y encontrar herramientas complementarias que puedan ayudarte. Todo eso es muy importante, pero siempre acompañado de tu médico.
BB: ¿Qué papel juega la mente en un proceso como éste?
AMS: Para mí es uno de los más importantes, porque la mente es muy poderosa. Necesitamos aprender a calmarla. Los pensamientos catastróficos pueden llevarnos muy lejos y nuestro cuerpo puede reaccionar ante ellos como si fueran una realidad. Por eso tenemos que aprender a detenerlos y a regularlos. El silencio, la meditación, la naturaleza y todas aquellas cosas que nos ayudan a encontrar paz fueron fundamentales para mí.
BB: Hablas de la relación entre el sueño, la alimentación, el ejercicio y la salud emocional. ¿De ahí surge precisamente el título?
AMS: El libro se llama ¡Tú eres la medicina!, porque hay una parte del poder que está en ti: decidir cuál será tu proyecto de salud y con qué herramientas vas a construirlo. Cuando atraviesas por momentos como éstos, también se despierta algo que no sabías que tenías: una fuerza interior que te ayuda a luchar y a salir adelante.
BB: Algo que me gusta es que no contrapones la medicina tradicional con terapias complementarias, pero tampoco caes en promesas fáciles.
AMS: Experimenté muchísimas cosas que no están en el libro, porque no considero que fueran eficaces. Recomiendo aquéllas que a mí me funcionaron, siempre teniendo claro que tu médico debe ser la cabeza del proyecto. Incluso, todo lo que hagas, debes consultárselo. A veces uno no sabe que determinados alimentos, suplementos o terapias pueden interferir con un tratamiento oncológico.
BB: ¿Qué terapias complementarias te funcionaron a ti?
AMS: Algo que me funcionó muy bien fue la acupuntura. También utilicé la ozonoterapia y otro tipo de terapias transpersonales relacionadas con la energía. Son herramientas que a mí me ayudaron.
BB: ¿Qué le aconsejarías a una familia sobre cómo dar una noticia así?
AMS: No hay una manera bonita de dar ni de recibir una noticia así. Depende mucho del temperamento de cada persona y, normalmente, quien da el diagnóstico es el médico. Mis circunstancias fueron distintas. Muchas veces la familia tiende a ocultar información para no lastimarla y yo considero que quien está enfermo debe ser quien esté mejor informado sobre lo que tiene, lo que se va a hacer y cuáles son las opciones. Tiene que participar y ser líder de su propio proyecto de salud, junto con su médico.
BB: La red de apoyo es esencial.
AMS: Indispensable. Cien por ciento. Muchas veces la gente no sabe cómo ayudarte, pero simplemente acompañarte puede ser suficiente. Yo fui muy afortunada, porque tengo una familia grande. Me ayudaron con mis hijos, con mi casa, me cuidaron. Estuvieron mis amigas, algunas me acompañaban a los tratamientos de inmunoterapia. Además, permitir que las personas participen les da paz. Sentir que pueden hacer algo por ti es importante.
BB: ¿Cómo evitar que emocionalmente se enferme toda la familia?
AMS: Es muy importante buscar apoyo. En nuestra casa todos tomamos terapia, porque cada integrante de la familia vive la enfermedad de una manera distinta. También ayuda hacerlos partícipes de lo que está sucediendo. Involucrarse, sentirse útil y saber que estás sumando de alguna manera puede ayudar muchísimo. Cada persona tiene reacciones diferentes, pero en nuestro caso nos acompañamos de terapia.
BB: ¿Y cómo vives ahora? Porque después de un diagnóstico y un proceso como el tuyo, el miedo nunca desaparece por completo.
AMS: Totalmente. Ahora me toca un chequeo y los nervios vuelven a estar a flor de piel. Pero regreso constantemente a las mismas herramientas: mantenerme equilibrada por medio de la terapia, la meditación, el deporte y los buenos hábitos. Es la misma receta todo el tiempo. Y también es una receta para las personas sanas. El equilibrio y la salud mental son sumamente importantes. Cuando siento que me estoy desequilibrando otra vez, regreso a lo mismo.
Nos van a dar clases
