VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

La apuesta de Mark Carney

Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

El premier ministro canadiense que llegó al poder hace un año y medio de manera un tanto sorpresiva, después de que todo parecía indicar que el Partido Liberal de centroizquierda, que entonces dirigía Justin Trudeau, perdería las elecciones, ha acaparado los reflectores internacionales en más de una ocasión.

A diferencia de Trudeau, que nació y creció en la farándula –su padre, Pierre Trudeau, fue primer ministro durante 15 años—, un hombre carismático que siempre gozó de la prensa, Carney está en los titulares del mundo no por su personalidad, sino por la gran apuesta que ha tomado en nombre del pueblo canadiense y de las democracias liberales en Occidente: tratar de sobrevivir en un mundo sin el apoyo incondicional de Estados Unidos.

Mark Carney nunca habría ganado las elecciones contra el populista de derecha Pierre Poilievre si no hubiera sido por la victoria de Donald Trump en 2024 y sus casi inmediatas amenazas de convertir a Canadá en el 51.º estado de la unión americana. Poilievre, que había coqueteado con Trump y se había presentado ante el electorado canadiense como una especie de Trump local, no tenía la credibilidad para enfrentarse a la amenaza que los canadienses sabían que venía. Carney, no tardó en actuar

El primer gran paso fue su discurso en Davos, en enero de 2026, en donde ofreció una nueva visión de las relaciones internacionales, reconociendo lo que todos sabían ya, pero nadie se atrevía a decir: el orden de la posguerra, donde el liderazgo de Estados Unidos garantizó la prosperidad y la paz para Occidente, y el comercio internacional libre, llegó a su fin. Para responder a esta nueva realidad, caótica y multipolar, con China y Rusia en ascenso, Carney propuso una visión en donde las democracias restantes tendrían que unir sus fuerzas. En su discurso advirtió que el orden internacional basado en reglas estaba desapareciendo y sostuvo que países como Canadá no eran impotentes frente a las grandes potencias, sino que debían trabajar juntos.

Líderes de casi todas las democracias del mundo aplaudieron su discurso, pero muchos se han tardado en tomar los pasos necesarios para hacerlo realidad. Aunque la Unión Europea está tratando de profundizar su fuerza y armarse, lo cierto es que, en asuntos de comercio, terminó doblegándose ante Trump. No así Carney, quien el 21 de agosto anunció que Canadá suspendería las negociaciones comerciales con Estados Unidos, pues le era imposible aceptar las condiciones en las que Trump insistía: condiciones que habrían dañado industrias clave para Canadá y limitado su capacidad de negociar libremente con otros países. Es decir, Trump pedía prácticamente que Canadá renunciara a su soberanía comercial.

En un discurso solemne, Carney anunció a su país que habían entrado en guerra: una guerra comercial que ellos no pidieron, pero a la que, en lugar de doblegarse, decidieron enfrentarse. Canadá respondió anunciando que igualaría dólar por dólar los nuevos aranceles estadounidenses. Días después, una encuesta de Angus Reid mostró que 76 por ciento de los canadienses apoyaban esta decisión.

Sin embargo, conforme los costos aumenten, y especialmente si Canadá entra en una fuerte recesión, será el momento de prueba para la estrategia de Carney. ¿Puede Canadá fortalecer su economía interna, diversificar sus lazos, reducir su dependencia y responder a tiempo para sobrevivir al embate de Washington? Si es así, Carney habrá enseñado al mundo no sólo que tiene una visión para sustituir el vacío de poder que deja Estados Unidos, sino un plan para hacerla realidad. Todos los ojos están sobre él.

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