Enfrento un problema. Y no es menor. Es decir, aunque el teclado de mi computadora enfrenta un problema, la bronca es mía, porque vivo adherida a él: se le descompuso la séptima letra del abecedario, la que va después de la “f” y antes de la “h”. Es decir, la “_”. Perdón, no se entiende. Me refiero a aquélla con la que postearía en Facebook: “Mi _ata acaba de enterrarme las _arras”. No. Va otro intento. Hablo del si_no empleado para decir: “Anoche me empapé y hoy me duele la _ar_anta”.
Llevo una semana sufriendo este déficit letrístico, que me empuja (no quiero escribir “me obli_a”) a buscar perífrasis. En otras palabras, por la falta de ese botón en el dispositivo debo (evito decir “ten_o que”) acudir a una frase que señala, “por medio de un rodeo verbal, al_o que se habría podido decir con menos palabras o con una sola”. Éste es el ejemplo de la RAE en la definición de perífrasis: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, en vez de la frase sencilla “lo que pasa en la calle’”. Bueno, pues ahora mismo, sentada en mi escritorio, empiezo un correo pendiente: “Hola, estimado uillermo”. Asumo que el aludido-y-no-estimado podría leer como majadería la falta de la inicial de su nombre, así que busco un rodeo: “Hola, compañero cuyo escritorio está en el primer piso del edificio D, entrando a la derecha”. Qué an_ustia.
Dejo de lado el correo y, para desen_ancharme, quiero oír música. Escribo en la plataforma: “Pon la playlist de Juan _abriel”. No sabe de qué hablo. Tampoco si le pido rolas de “Lady _a_a” ni si acudo a la añoranza (evado poner “nostal_ia”): “Busca canciones de Ser_e _ainsbour_”. Lo olvido.
Con todo, encuentro una sorpresa: en muchas palabras que empiezan con “_” más “u”, la ausentada no queda en evidencia. Da lo mismo si le escribo a un subordinado: “Por favor uarda en un disco duro el presupuesto” o le mando un WhatsApp a mi carnala (esquivo “ami_a”): “Qué tipo más uapo es éste”. Aunque me verán raro, entenderán el mensaje, porque la vocal roba cámara. En cambio, si la consonante “_” precede a las vocales “e” o “i”, entonces se articula en el velo del paladar de manera fricativa sorda (el aire pasa por un canal estrecho y las cuerdas vocales no vibran). En ese caso suena como la “j”. Así no hay forma de entender esto: “El _i_ante del cuento resultó el héroe”.
Una cosa me preocupa aún más. Sin ese caracter no se conciben las “_acelas”, poemas insuperables de Federico _arcía Lorca, ni puedo mencionarlo a él ni a su _eneración, la del 27. Tampoco hablar de otros nombres cruciales en mi vida, como _arcilaso de la Ve_a, Elena _arro, _loria _ervitz.
Lo decido: a partir de hoy mando notas a mano. Ahí
nin_una letra se descompone.
El segundo piso, casi listo
