MARCAJE PERSONAL

UNAM, las enseñanzas de la crisis

Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

La Comisión Técnica que analizó el examen de ingreso a las licenciaturas de la UNAM presentó su informe, y lo que hay que destacar es precisamente que se logró transitar una crisis que, por momentos, se apreciaba muy complicada.

El rector Leonardo Lomelí tomó una decisión osada, sobre todo si nos atenemos al comportamiento de la burocracia universitaria, la que suele enconcharse para tratar de que las cosas pasen en lugar de encararlas.

Lomelí optó por analizar lo que estaba ocurriendo y designó a un grupo de expertos para que, con autonomía, indagaran e hicieran las propuestas que consideraran pertinentes para enfrentar, con transparencia, las consecuencias de una prueba que resultó fallida y puso en vilo los resultados y el ingreso de miles de aspirantes.

El papel de la Comisión Técnica es central, porque implicó, desde el primer momento, que se dejara en manos de personalidades de amplio reconocimiento los diagnósticos y sus implicaciones, cualquiera que ellos fueran.

La UNAM, en lugar de esconder, se abrió al escrutinio, permitiendo, con el paso de las semanas, que se corrigiera y actuara por el bien de la comunidad.

Para nada era una decisión sencilla, y menos en un panorama que aumenta los riesgos para la educación pública y donde la autonomía se tiene que proteger día con día.

Como se sabe, se tuvo que proceder a un examen de control para corregir la injusticia que habría significado el desplazamiento de buenos y esforzados estudiantes, por otros que buscaron atajos para lograr altas puntuaciones.

Remediado, aunque no sin costo, el ingreso de los que ya son universitarios, falta por resolverse la cadena de responsabilidades en todo el proceso, lo que está en manos del órgano de control interno y de la Auditoría Superior de la Federación.

Pero, más allá de intuiciones, lo que en todo caso se debe esperar es que se logren dilucidar la serie de errores y de omisiones que propiciaron lo que ocurrió.

La Comisión Técnica ya apuntó algunas, sobre todo las que tienen que ver con la celebración del contrato con la empresa que aplicó las pruebas de modo remoto, y de las deficiencias en los sistemas de vigilancia para evitar comportamientos no adecuados.

Que la UNAM lograra transitar las aguas embravecidas es una buena noticia, pero no es casualidad, sino consecuencia del compromiso que estableció como brújula a los valores de la institución para mantenerse por el camino correcto.

Queda mucho en el aire, por supuesto, y de modo fundamental los sistemas de ingreso a las universidades, porque hay demasiada demanda y pocos lugares, más aún donde el prestigio es alto.

Pero haría mal el rector Lomelí en bajar la guardia, cuando ya se dibuja, en el horizonte, un panorama difícil, con cambios políticos, sociales y tecnológicos que incidirán en la vida universitaria.

Ya tiene, sin embargo, la receta que él mismo aplicó: transparencia y responsabilidad.

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