BAJO SOSPECHA

La larga lucha por la Independencia

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Este miércoles 16 de septiembre se cumplen 216 años del llamado a las armas del cura Miguel Hidalgo y Costilla en el pueblo de Dolores, Guanajuato. Lo que el país celebra esa noche es el arranque de una guerra, no su desenlace.

Son plazas llenas y una celebración que forma parte de nuestra identidad, pero detrás de esa ceremonia hay una historia mucho más compleja.

La Independencia de México no comenzó ni terminó en una sola noche. Fue un proceso de décadas, de conspiraciones, de ideas nuevas, de enfrentamientos políticos y, finalmente, de una guerra que costó muchísimas vidas.

Para recordar qué ocurrió realmente, por qué comenzó el movimiento y qué significa hoy celebrar nuestra Independencia, platicamos para La Razón con la historiadora Isabel Revuelta Poo.

SE CONSOLIDA LA NACIÓN

Isabel Revuelta Poo, especialista y divulgadora de la historia.
Isabel Revuelta Poo, especialista y divulgadora de la historia. ı Foto: Especial

“Hoy es un día que tenemos sellado como una impronta, que es el Día de la Independencia, pero hay que entender que esto es un proceso que venía de muchas décadas atrás y que tomó todavía una década más para realmente consolidarse como la nación que ahora somos”, explica Isabel Revuelta.

Y si se observa el proceso completo, sostiene, incluso habría que mirar varias décadas después de 1821 hasta 1867, cuando termina una etapa fundamental de los primeros años del México independiente y se restaura la República.

Antes de que Miguel Hidalgo llamara a levantarse en armas ya existía una sociedad profundamente distinta a la que había comenzado el Virreinato casi 300 años antes.

Durante esos siglos se había formado una identidad propia.

“Ese laboratorio biológico fue dando como resultado ese sincretismo cultural y, permíteme el término, cuajó. Nace la nación mexicana culturalmente y entonces políticamente esos ciudadanos querían mayor representatividad ante la Corte”, cuenta la historiadora.

Uno de los puntos fundamentales para entender la Independencia es que había una sociedad que culturalmente comenzaba a reconocerse como diferente y que políticamente exigía mayor participación.

Antes de 1810 ya habían ocurrido acontecimientos que modificaron profundamente la relación entre la Nueva España y la Corona. Isabel Revuelta recuerda, entre ellos, la expulsión de los jesuitas en 1767 y las reformas borbónicas.

Al mismo tiempo, comenzaron a llegar ideas nuevas de la La Ilustración, la Revolución Francesa y la independencia de las Trece Colonias estadounidenses de 1776, que demostraban que existían otras formas de gobierno y otras maneras de entender la relación de los ciudadanos con el poder.

“Estaban llegando ideas de la Ilustración, estaban llegando ideas de la Revolución Francesa, incluso de la independencia de las Trece Colonias estadounidenses en 1776. Nuevas formas de gobierno, nuevas formas de que los ciudadanos se relacionaran con el poder”, explicó.

La realidad de América también era ya muy distinta a la de España. Había intereses económicos propios y una sociedad que quería una mayor representación política.

En 1808, los primeros intentos de autonomía fueron reprimidos: “Cuando la rebelión de Primo de Verdad es sometida, son tratados como verdaderos traidores”.

A esa tensión se sumó otro acontecimiento decisivo: la invasión francesa a España.

“Los novohispanos no estaban dispuestos a un mal gobierno, ni siquiera de España. Y es cuando empieza ese grito de autonomía”, detalló.

Todavía no se hablaba necesariamente de Independencia. En un principio se buscaba autonomía y una mayor representación política, pero esas discusiones comenzaron a realizarse de manera clandestina. Así surgieron las famosas tertulias conspiradoras.

Revuelta narra: “La gente se juntaba, sobre todo los criollos, se juntaban en sus casas para ver por qué tenían que pagar muchos más impuestos, por qué no podían acceder a esos cargos políticos que tuvieran el pulso mucho más cercano de las necesidades de los mexicanos”.

No eran simples reuniones sociales, conspirar contra el gobierno real y contra la monarquía podía significar la muerte: “Imagínate, hombres y mujeres que estaban conspirando contra ese gobierno real, contra la monarquía”.

Entre aquellos conspiradores estaban muchos de los personajes que después quedarían grabados en nuestra historia: Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, María Ignacia Rodríguez de Osorio, la Güera Rodríguez, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, entre otros.

Algunos pertenecían incluso a la élite del ejército realista, donde también había inconformidad.Había mexicanos que sentían que las decisiones más importantes seguían estando en manos de la Corona y de los peninsulares.

La discusión también era económica. Revuelta aclara que durante el Virreinato hubo inversión, instituciones, colegios, haciendas, grandes ciudades e infraestructura. No se puede reducir aquella realidad a decir simplemente que todos los recursos salían de la Nueva España.

Pero había un problema central: “Había inversión, pero no había control de esa inversión.” Las decisiones, explica, podrían haber sido mucho más favorables para los empresarios y habitantes que ya tenían sus intereses en estas tierras.

La tensión política y económica fue aumentando y, cuando quedó claro que la autonomía no iba a llegar por la vía política, comenzó la lucha armada.

“Cuando se fueron dando cuenta de que la autonomía no iba a ser posible, se tuvieron que tomar las armas y todos aquellos conspiradores que primero buscaban la parte política, finalmente se fueron a las armas”, señaló la historiadora.

Fue entonces cuando personajes como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende y Juan Aldama se convirtieron en protagonistas de una guerra que sería larga y sangrienta.

También estuvieron Andrés Quintana Roo y Leona Vicario, además de muchos otros hombres y mujeres que habían participado inicialmente en aquellas conspiraciones.

Y se derramó muchísima sangre, los primeros dirigentes insurgentes murieron en 1811, Morelos fue ejecutado en 1815, después de ser juzgado: “Queda una guerrilla, queda un desasosiego, una guerra civil porque ya no se busca autonomía, sino ya la independencia.”

Ese cambio es fundamental, lo que inicialmente buscaba transformar la relación con España terminó buscando romperla por completo.

La lucha se prolongó durante 11 años, fueron 11 años de guerra, de intereses enfrentados, de muertos y de un país que todavía no existía como tal, intentando definir qué quería ser.

Finalmente, en 1821, Agustín de Iturbide establece un pacto con Vicente Guerrero y con la guerrilla insurgente que había sobrevivido.

Revuelta recuerda que Iturbide también era hacendado y que sus propios intereses habían sido afectados.

La Independencia se consuma entonces alrededor de las llamadas Tres Garantías.

Una era la unión y la igualdad entre americanos y peninsulares, otra, la religión y la tercera representaba la sangre derramada por todos aquellos que habían luchado por construir una patria.

Pero, como explica Revuelta, ésa es solamente otra parte de un proceso muchísimo más largo: “No fue de un día para el otro”.

Después de 1821 todavía vendrían décadas de enormes conflictos para darle rostro al nuevo país.

Celebrar la Independencia es también recordar que México no se construyó en una noche ni por un solo personaje. Fueron décadas de lucha, de ideas, de enfrentamientos y de hombres y mujeres que apostaron por un proyecto de nación.

Más de dos siglos después, vale la pena mirar esa historia más allá de las filias, fobias o partidos políticos. Como dice Isabel Revuelta, somos una nación unida por cientos de años de historia y cultura. Eso también es lo que celebramos cada septiembre.

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