QUEBRADERO

Claudia Tacoronte

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Los delitos tienden a intensificarse porque los responsables saben bien que en el país existe un alto nivel de impunidad.

El presunto asesino de la estudiante española, Claudia Tacoronte, en Cuautla, de alguna manera lo sabía. El mismo día en que habría matado a la joven mujer, había robado unos tenis sin que nadie le hiciera absolutamente nada con todo y cámaras de seguridad.

No era la primera vez en que estuviera involucrado en algún delito. La autoridad lo sabía y asumía una actitud laxa, ya sea para evitar algún tipo de problema con grupos cercanos a él, o porque lo cubrían como parte del mundo delincuencial de Cuautla.

La ciudad morelense lleva mucho tiempo en el mapa como centro de inseguridad, sin que pase absolutamente nada. Cuautla ha sido y es una de las ciudades más importantes de Morelos.

Desde hace varios años las cosas se han ido deteriorando en la entidad. La delincuencia organizada, de la mano de las autoridades, se fue apoderando de la ciudad ante lo cual muchos de los habitantes optaron por dejarla.

No es el único caso en Morelos. Desde la administración anterior han venido pasando muchas cosas en medio del desinterés y desgobierno. López Obrador decidió que Cuauhtémoc Blanco fuera el candidato sin plantearse el perfil del personaje, más bien pensaba, como regularmente lo hacía, en votos.

A lo largo de su administración se le toleró todo al exfutbolista. El problema en este tiempo es que la gobernabilidad fue definitivamente permisible, lo que llevó, particularmente en el tema de seguridad, a una descomposición que permitió la llegada plena de la delincuencia organizada, la cual se fue apoderando del estado.

Cuernavaca no está exenta de ello. Quizá en los últimos meses ha disminuido la violencia, pero la extorsión ha crecido de manera brutal. Como pasa en muchas ciudades, los ciudadanos terminan por guardarse las denuncias, porque los extorsionadores los tienen en la mira.

El asesinato de Claudia Tacoronte se inserta en lo que se vive en Morelos desde hace tiempo. Han sido las mujeres las que más lo han padecido. Se suma a todo esto un lamentable antecedente. Ante las acusaciones de violencia de parte de una mujer cercana a Cuauhtémoc Blanco, las mujeres de Morena decidieron en la Cámara de Diputados arropar al exfutbolista bajo el “no está solo” en un acto que terminará por tener repercusiones.

Conversando con estudiantes de la UAEM, quienes nos pidieron el anonimato, nos plantearon que se sentían aislados y ajenos a las políticas de la universidad y, sobre todo, del gobierno: “Pueden decir lo que quieran sobre la disminución de la inseguridad, pero en la noche no puedes caminar sola, incluso a los alrededores de la universidad… hay estudiantes que vinieron hacer su examen de admisión y en las mismas calles cercanas fueron asaltados… muchos de ellos eran de ciudades de Morelos, mejor se fueron y cambiaron de opción universitaria, a pesar de que para ellos la UAEM era la más importante”.

Echando por delante la solidaridad con Claudia Tacoronte, cuestionan el porqué en este caso el Gobierno ha actuado rápidamente, a diferencia de los otros casos de jóvenes estudiantes de la universidad.

En el caso de la estudiante de la Universidad de Granada, nos dicen que bien le pudieron advertir las muchas cosas de las que pasan en Cuautla. La grabación de su hermana es lapidaria y profundamente dolorosa, señala también a la universidad española por no alertarla de lo que viven las mujeres en un estado como Morelos.

Un asesinato evitable se ha convertido en un asunto internacional, pero, sobre todo, en una profunda pena para una familia que quería que su hija empezara a construir sus sueños.

RESQUICIOS.

Más que desfiguros, son de pena ajena algunas de las ceremonias del Grito en diversos estados y presidencias municipales. Inventan, improvisan, rehacen la historia, y como los ciudadanos van a la fiesta no se preguntan por nada, la verdad hacen bien.

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