CARTAS POLÍTICAS

Los militantes

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

En México quince de cada cien personas inscritas en la lista nominal aparecen afiliadas a una fuerza política. En India, el BJP afirma tener 140 millones de miembros, cerca del 14.5 por ciento del electorado; Brasil ronda el 10 por ciento; el Partido Comunista Chino equivale al siete por ciento de la población y Rusia Unida a poco más del dos por ciento de los electores. México tiene una proporción inusualmente alta de militantes.

La ley electoral define como afiliado al ciudadano que se registra “libre, voluntaria e individualmente” en un partido, sin importar su grado de participación. No sólo es una cifra, sino un requisito: para conservar el registro nacional se requiere un mínimo equivalente al 0.26 por ciento del padrón electoral, que este año fue de 256,029 personas, además de presencia territorial.

La militancia ha tenido movimientos interesantes en los últimos años.

El PAN cuenta con 366,104 militantes. Sus principales concentraciones están en Ciudad de México, Estado de México y Veracruz, y se encuentran apenas 110,075 afiliaciones por encima del mínimo. No vive un desplome semejante al priista: tenía 378,838 afiliados en 2017, cayó a 252,140 en 2020 y se recuperó a 277,665 en 2022. Hoy está a sólo 12,734 militantes por debajo de su nivel de 2017. Su problema es el escaso margen sobre el piso legal y la concentración territorial.

Movimiento Ciudadano está todavía más cerca: suma 318,642 afiliados, solamente 62,613 por encima del umbral, y casi una quinta parte se encuentra en Jalisco. Puede recibir millones de votos y, al mismo tiempo, tener una organización nacional muy delgada.

El caso del PRI es sorprendente: pasó de 6.3 millones de militantes en 2017 a 1.4 millones en 2022 y a 819,103 en 2026. Mantiene sus mayores padrones en Estado de México y Coahuila, pero la caída retrata mejor que cualquier encuesta la pérdida de su capacidad territorial.

Del otro lado está Morena. Con 11,629,541 militantes concentra casi ocho de cada diez afiliaciones verificadas. Sus mayores contingentes están en el Estado de México, con casi dos millones; Ciudad de México, con 1.1 millones; Veracruz, Puebla y Chiapas. Sus aliados también crecieron: el Verde suma 1,061,319 militantes y el PT, 590,797. Juntos, los tres partidos reúnen alrededor de nueve de cada diez militantes de las seis fuerzas revisadas.

La velocidad del cambio es notable. En 2017 Morena tenía 319,449 militantes; en 2022 ya sumaba 2.3 millones y hoy rebasa los 11.6 millones. Su ascenso es el espejo de la caída priista. No ocurrió únicamente un cambio de preferencia electoral: se desplazó el centro de gravedad de la organización partidista hacia el movimiento gobernante.

¿En qué se traduce esto en las urnas? Los militantes no son votos cautivos. La elección de 2024 lo ilustra: Claudia Sheinbaum obtuvo 35.9 millones de votos, muchas veces más que la militancia actual y la que tenía Morena ese año; Movimiento Ciudadano recibió 6.2 millones pese a contar con menos de 400 mil afiliados.

La militancia proporciona algo que las encuestas no miden: presencia territorial, promotores, representantes de casilla, reclutamiento de candidatos y capacidad para movilizar el día de la elección. Una afiliación masiva puede traducirse en maquinaria electoral.

El ascenso de Morena y la caída del PRI cuentan la misma historia desde extremos opuestos: el poder atrae cuadros, organización y lealtades; su pérdida los dispersa. La ventaja de Morena rumbo a 2027 no son once millones de votos garantizados. Es llegar con una red humana desplegada mientras que el PAN, Movimiento Ciudadano e increíblemente el PRI, tendrán problemas para disputar dicha operación. Muestra también una crisis profunda: la oposición no sólo necesita recuperar electores, necesita reconstruir sus partidos.

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