Preservar la cultura significa evolucionar sin perder la raíz
Bernardo Rosendo
Conservar una tradición no significa repetirla: significa garantizar que siga teniendo futuro. Ése es uno de los mayores méritos de Bernardo Rosendo Ponce, artista plástico originario de Olinalá, quien en días pasados recibió en Chilpancingo la Presea Sentimientos de la Nación, por su trayectoria y su contribución a la preservación de las técnicas tradicionales de las artesanías de Olinalá y de la región de La Montaña. Por ello, referirnos a Bernardo Rosendo como uno de los grandes maestros del Arte de Olinalá es un acierto. Sin embargo, hay una dimensión de su trabajo que merece destacarse: el artista tiene una profunda conciencia social y ha comprendido que una tradición cultural puede convertirse también en una estrategia de arraigo.

La palabra del aliado
En una región marcada por el rezago y la migración, preservar el arte de Olinalá exige más que nostalgia. Hay que enseñar, capacitar, investigar, producir, mejorar la calidad y abrir mercados. Desde la Unidad de Capacitación Olinalá del ICATEGRO, Rosendo impulsó un proyecto de formación para el trabajo vinculado con el rescate de conocimientos locales. Su libro Esperanza en la montaña documenta esa experiencia y su relación con la generación de ingresos y el arraigo comunitario, y le da mayor peso a sus palabras: “Una sociedad que abandona su cultura pierde parte de su memoria. Una sociedad que pierde su memoria corre el riesgo de perder también el sentido de sus derechos. Y una sociedad que desconoce sus derechos puede terminar aceptando como normal aquello que nunca debió ser aceptado”.
Su defensa de las técnicas ancestrales ha involucrado la investigación de materiales, procedimientos e iconografía; ha buscado recuperar fórmulas y prácticas que habían sido sustituidas y que afectaban la calidad del maque. Preservar, en su concepción, también significa impedir que el arte pierda aquello que lo hace auténtico, al mismo tiempo que encuentra nuevas formas de expresión. De ahí la importancia de la Denominación de Origen Lacas de Olinalá, cuyo proceso de modificación tuvo a Rosendo como impulsor y coordinador. El reconocimiento obtenido en 2022 buscó fortalecer la protección de este patrimonio y generar mejores condiciones para su desarrollo económico. Después vino el esfuerzo por establecer una Norma Oficial Mexicana que proteja la autenticidad de los materiales, los procesos y la calidad. Por eso, el proyecto de capacitación que Rosendo convirtió en un espacio de investigación, formación y rescate cultural importa tanto. Allí donde el desarrollo suele llegar tarde, la cultura puede ser educación, trabajo y dignidad. Cuando un joven descubre que el oficio de sus mayores puede convertirse en una actividad profesional, la tradición deja de ser una carga del pasado y se transforma en una posibilidad de futuro. Esta visión tiene también un mérito excepcional. De ahí que otra de sus afirmaciones cobre un valor incalculable: “La dignidad humana tiene sentido cuando ninguna persona es excluida, discriminada, silenciada o condenada a vivir sin oportunidades”.
La Presea Sentimientos de la Nación llega como reconocimiento a una trayectoria individual, pero también a una manera de entender el patrimonio: no como una pieza encerrada en una vitrina, sino como algo vivo, capaz de generar conocimiento, empleo, orgullo y pertenencia.
Porque en la Montaña de Guerrero preservar una tradición puede significar algo más que salvar una técnica: puede significar preservar una comunidad. Y quizá allí radique uno de los mayores méritos de Bernardo Rosendo: haber entendido que, cuando el arte ofrece oportunidades, la cultura no solo conserva la memoria, sino que también puede convertirse en una razón para quedarse.

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