BRÚJULA ECONÓMICA

La recuperación productiva gana terreno

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Los resultados recientes de la actividad económica confirman que la economía mexicana ha dejado atrás el bache registrado a principios de año. Después de un crecimiento prácticamente nulo durante el primer trimestre, la producción mostró una recuperación significativa en el segundo, mientras que los indicadores disponibles para julio y agosto sugieren que este impulso se ha extendido al tercer trimestre.

Las cifras de oferta y demanda agregadas del Inegi permiten identificar con mayor precisión la naturaleza de esta recuperación. Durante el segundo trimestre, el PIB creció 2.1% anual, frente a apenas 0.2% en el primero. Por el lado de la demanda, el consumo privado mantuvo su papel como soporte de la actividad, con un avance también de 2.1%, mientras que la formación bruta de capital fijo aumentó 3.9%, después de haberse contraído al inicio del año.

El componente más dinámico provino del sector externo. Las exportaciones de bienes y servicios aumentaron 14.5% anual, aunque este fuerte crecimiento estuvo acompañado por un incremento de 13.7% en las importaciones. Por ello, la contribución neta del sector externo al crecimiento fue considerablemente menor. No obstante, el comportamiento de las exportaciones confirma que la demanda externa se ha convertido en uno de los principales motores de la recuperación.

La inversión aporta otra señal favorable. Su regreso a terreno positivo durante el segundo trimestre resulta particularmente relevante después de la debilidad observada anteriormente. Más que el crecimiento puntual, lo importante será determinar si comienza a configurarse una recuperación sostenida de la formación de capital. La evolución reciente de las importaciones de bienes de capital apunta en esa dirección, aunque todavía es pronto para hablar de un cambio definitivo de tendencia.

El balance del primer semestre, sin embargo, continúa reflejando la debilidad con la que comenzó el año: el PIB acumuló un crecimiento de apenas 1.1%. La cuestión central es, por tanto, si el mejor desempeño del segundo trimestre constituye el inicio de una trayectoria más firme durante la segunda mitad de 2026.

Los indicadores oportunos ofrecen señales favorables. El IOAE anticipa crecimientos anuales de 2.8% en julio y 2.5% en agosto. Asimismo, las exportaciones manufactureras mantuvieron un fuerte dinamismo en julio, al tiempo que las importaciones de bienes de capital continuaron avanzando. Ambos elementos son consistentes con la continuidad de la actividad exportadora y una recuperación gradual de la inversión.

El principal punto de cautela se encuentra en el consumo. Aunque las ventas comerciales y otros indicadores continúan mostrando avances, su ritmo se ha moderado durante julio y agosto. Esto resulta relevante porque el consumo privado constituye el principal componente de la demanda interna y ha sido uno de los soportes más estables de la actividad.

En conjunto, la información disponible configura un escenario de recuperación moderada, pero todavía desigual: exportaciones dinámicas, inversión con señales de mejoría y consumo creciendo a menor ritmo. El consenso de la encuesta de Citi ha elevado gradualmente su expectativa de crecimiento para 2026 hasta 1.4%. De mantenerse el impulso exportador, consolidarse la recuperación de la inversión y evitarse una desaceleración más pronunciada del consumo, cálculos propios sugieren que el crecimiento podría acercarse a 1.6%.

El debate, por tanto, ya no parece ser si existe una recuperación, sino si ésta tendrá suficiente amplitud y persistencia para transformarse en una trayectoria de crecimiento más sólida.

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