Vi el documental Cuando perdimos el juicio, sobre la reforma judicial. Es una producción de la Fundación Konrad Adenauer, el Rule of Law Lab de la Universidad de Nueva York, Juicio Justo y Réplica Films, dirigida por Amir Galván. El documental reconstruye, cronológicamente, la reforma a partir de entrevistas con jueces, magistrados, exministros, académicos y periodistas.
Es una buena cronología de los sucesos, desde una de las narrativas. La otra versión no aparece. El expresidente López Obrador, autor intelectual de la reforma, no sólo justificó “el relevo de los jueces” (como lo llamaba), basado en las decisiones de arriba, de los ministros de la Corte, por detener sus políticas sobre adscripción de la Guardia Nacional o funcionamiento de la industria eléctrica, como afirma el documental. Por el contrario, AMLO incluso declaró: “Lo más necesario de cambiar o lo que urge más es abajo, o sea de la base hacia arriba” (La Jornada, 11 de julio de 2024). Explicaba que, después de la liberación de importantes criminales, se recrudecía la violencia e incluso los policías de tránsito eran asesinados. A esa voluntad de mejorar la seguridad pública, renovando el Poder Judicial, hay que sumar la crítica del expresidente, desde el inicio de su mandato, a las percepciones exorbitantes de los juzgadores federales, que no se conformaban con buenos salarios, sino que tenían planes personales de retiro, comilonas, etcétera.
El documental se concentra en la manera desaseada como la reforma fue aprobada (los senadores de oposición que voltearon bandera, el ministro de la Corte que no votó por anularla, los acordeones impresos que fueron usados el día de la elección). Para unos, un golpe de Estado; para otros, el pueblo tomando el Palacio de Invierno.

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¿Y de qué sirve ponerse en los zapatos de unos y otros? Pues hacerlo es precisamente la responsabilidad del analista. Aporto poco si escribo otra columna grandilocuente sobre la reforma judicial únicamente como “tremendo atentado al Estado de derecho” o si callo sobre el costo que tuvo en experiencia, independencia e imparcialidad de nuestro Poder Judicial. ¿Por qué es tan difícil que la opinión pública se sirva la enchilada completa? Hoy, hay que deplorar los nexos abiertos de los jueces con Morena, pero también apreciar la reducción de los homicidios por el encarcelamiento de decenas de miles de malandros.
Hubo mucha ideología detrás de la reforma judicial de AMLO, pero también en el fondo de las protestas que la siguieron. Algo parecido al exceso de ideología detrás de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto y de las protestas magisteriales del SNTE y la CNTE que la siguieron. Reconocerlo nos haría madurar como opinión pública y salir de la rutina enfermiza de enviar memes diarios a favor o en contra de AMLO.
En la conversación política nacional, durante este año electoral 2026-2027, necesitamos poner sobre la mesa ideas para recuperar algo del profesionalismo e independencia de los jueces, disminuidos en 2025. Si los políticos prefieren seguir con sus insultos, caricaturas y aspavientos, allá ellos. Pero los electores queremos saber qué proponen para la segunda elección judicial del 4 de junio de 2028.

“Se pasan de soberbios”

