Engendro, según el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española, es una “criatura informe que nace sin la proporción debida”, y también “plan, designio u obra intelectual mal concebidos”.
Tributario, según el mismo diccionario, es lo “perteneciente o relativo al tributo”, y el tributo es la “obligación dineraria establecida por la ley, cuyo importe se destina al sostenimiento de las cargas públicas” o, dicho de otra manera, al mantenimiento del gobierno. Engendro: lo desproporcionado por no haber sido debidamente concebido. Tributario: lo relacionado con los impuestos, con lo que el gobierno nos obliga a entregarle.
En México padecemos un engendro tributario, y una buena muestra la tenemos en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, IEPS, a los combustibles, del cual traté en los dos anteriores Pesos y Contrapesos.
Comienzo por los principios de buena tributación (suponiendo que haya tal cosa como buena tributación), de entre los que destaca el principio de no doble tributación (menos triple, mucho menos cuádruple, etc.), que en México se viola, como sucede con los impuestos a los combustibles.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que cualquier impuesto se paga, directa o indirectamente, con el ingreso de alguien. Directamente: se grava la generación de ingreso (por ejemplo: ISR). Indirectamente: se grava el gasto del ingreso en la compra de satisfactores (por ejemplo: el IVA). Si todo impuesto se paga con el ingreso de alguien, cobrar más de uno implica, por lo menos, doble tributación.
Tal es el caso de las gasolinas, cuya compra se grava con el IVA y con el IEPS, lo cual implica triple tributación: el cobro del ISR por la generación de ingreso, el cobro del IVA y el cobro del IEPS. ¿Qué tenemos? Una triple tributación. Un abuso, producto del engendro tributario que padecemos. Pero aquí no termina el abuso. Hay que tomar en cuenta cómo se calcula el IVA a gasolinas.
Todo empieza con el precio base, más los costos de logística, más la ganancia del gasolinero, a lo cual se le suma el IEPS, $6.7001 por litro de Magna y $5.6579 por litro de Premium, suma a partir de la cual se calcula el IVA del 16%. ¡Se calcula un impuesto, el IVA, a partir de otro impuesto previamente calculado, el IEPS! ¿Qué tenemos? Una cuádruple tributación. Una arbitrariedad, consecuencia del engendro tributario que soportamos.
Supongamos, para la gasolina Magna, un precio de $15.00 por litro. Sumemos el IEPS, $6.7001 por litro. Resultado: $21.7001. Sumemos el IVA, 16%. Resultado: $25.1721. Precio: $15.00. Impuestos: $10.1721, ¡el 67.81%!
¿Cuál es el resultado si al precio base, más los costos de logística, más la ganancia del gasolinero, le sumamos primero el IVA y luego el IEPS? Precio $15.00, más IVA del 16%, $17.40, más IEPS de $6.7001, igual a $24.1001, $1.0720 menos, el 4.26%.
El sistema tributario mexicano se ha deformado a partir de tres creencias. Primera: ¿por qué hacer las cosas fáciles si se pueden hacer difíciles? Segunda: los gobernantes pueden disponer de los ingresos de los contribuyentes como crean más conveniente, sin más límite que una ley de por medio. Tercera: si el impuesto es legal, y cada impuesto, tal y como lo señala el Código Fiscal de la Federación, tiene su ley, por ello es justo.
El recaudador, engendro tributario de por medio, abusando del contribuyente.
Aduanas tocan la puerta del Senado
