Habrá que ver qué tanto puede extenderse la liga en el caso del amigo y socio de Andrés Manuel López Beltrán.
La Presidenta ha sido particularmente cuidadosa con este asunto, sabe bien que cualquier investigación que se abra podría tocar al hijo del expresidente. López Beltrán ha sido poco cuidadoso en su manejo de las cosas. Se ha colocado en el centro del escenario confiando en su presunta inocencia, o sabiendo, quizá más bien creyendo, que es intocable.
El video que dio a conocer TV Azteca sobre Amílcar Olán, en un lujoso barrio de Suiza, muestra a un personaje nervioso e intolerante. Esto no lo hace ni culpable ni inocente, pero sí evidencia a una persona presionada, a lo que se suma la parte final del video en que se ve sentado solo en su casa.

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López Obrador se llenó de narrativas, las cuales al paso del tiempo lo han rebasado. Insistió en que todo lo que pasaba en el Gobierno respecto a actos de corrupción eran del conocimiento del presidente. Bajo esta premisa pasaron muchas cosas que debieron ser conocidas por el entonces presidente.
Exonerar al director de Segalmex argumentando que había sido engañado por priistas que lo rodeaban es absurdo. Lo que había de fondo es la defensa de un personaje, con quien desde años atrás llevaba una muy buena relación. Al final se inventaron culpables por doquier para que Ignacio Ovalle pasara a Gobernación para protegerlo. El presidente debió saber exactamente lo que pasaba en Segalmex y el tamaño del fraude.
Qué tanto sabía, o sabe, López Obrador sobre lo que presumiblemente estaban haciendo sus hijos. A pesar de que aseguró que por el único de sus hijos por el que metería su mano al fuego era por el más chico, pareciera que dejó que los otros se movieran por la libre bajo el argumento de que lo hacían como voluntarios y que no recibían un salario.
Es cierto que estamos en medio de un sinfín de presunciones, pero estamos entrando desde hace tiempo a una serie de indicios que llevan a cuestionamientos que no pueden ser pasados por alto por las autoridades.
El hecho que su hijo Andrés Manuel sea mencionado en la brutal trama de corrupción del huachicol fiscal debiera de llamar la atención de las autoridades que no pueden dejar temas de esta envergadura bajo la idea de no hay pruebas.
El video de Amílcar Olán evidencia que un muy buen amigo del hijo del expresidente, todo indica, está huyendo. Éste es un elemento que la autoridad debe considerar. Se han presentado audios, no desmentidos, de Amílcar Olán que dejan en evidencia su participación en las llamadas obras emblemáticas, particularmente en el Tren Maya.
El elemento clave en todo esto es conocer qué tanto sabe el Gobierno de todas estas actividades y hasta dónde está dispuesto a llegar, a sabiendas de que más allá de los hijos, quien está en primera fila es López Obrador. Lo que no puede por ningún motivo pasarse por alto, es preguntarse qué tanta información sobre las actividades de los hijos del expresidente se tiene en EU.
Si le quitaron la visa a López Beltrán es porque tienen información de primera mano sobre sus actividades. Es cierto que a nadie hace bueno o malo tener la visa estadounidense, pero las causas por las cuales se retira el documento tienen que ver con asuntos que afectan directamente a EU.
Independientemente de la trasnochada carta de López Beltrán, el retiro de la visa forma parte también de un mensaje a López Obrador. Investigar los indicios, por cierto, en algunos casos con pruebas, puede darle al Gobierno una mayor legitimidad. Se mueva o no el aparato de Gobierno, los riesgos ya se traen en la espalda.
La disyuntiva está en actuar o proteger. En ambos casos saldrán chispas, rayos y centellas por doquier.
RESQUICIOS.
En el interminable manoseo sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ayer se presentó un informe más. El Gobierno sigue jalando la liga. Los padres y madres de los estudiantes sólo quieren saber dónde están sus hijos.

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