BAJO SOSPECHA

El ganado cruza caminando

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Antes de este último viaje a Ciudad Juárez pensaba que gran parte del ganado de México a Estados Unidos pasaba en tráileres, pero no, cruza caminando. Sale de los corrales de San Jerónimo, en el municipio de Juárez, y entra por su propio pie a Santa Teresa, Nuevo México, después de un baño, una desparasitada y la revisión de inspectores de los dos países. Ese tramo de tierra, que se ve desde la Torre Centinela, estuvo cerrado 16 meses por problemas sanitarios y de seguridad, y volvió a abrir el miércoles 24 de septiembre, con el paso a 750 cabezas.

La seguridad en la frontera es fundamental para que este paso siga abierto y Estados Unidos no lo cierre, ya que este cruce lo quisieron tomar los grupos criminales para introducir migrantes indocumentados.

Para entender por qué eso importa, hay que ver los números. Chihuahua exportó entre 2020 y 2024 un millón 800 mil cabezas de ganado, el 43.1 por ciento de todo lo que México manda a Estados Unidos, de acuerdo con la Unión Ganadera Regional de Chihuahua.

Casi la mitad de las reses que cruzan la frontera salen de este estado y, la gran mayoría, lo hace por San Jerónimo-Santa Teresa. En 2023, antes de la crisis, México vendió a Estados Unidos más de mil millones de dólares en ganado en pie.

No es un negocio de grandes hacendados. Nueve de cada diez productores de Chihuahua son pequeños ganaderos, para quienes ésta es la principal fuente de ingreso en comunidades rurales. Un becerro de exportación se paga a unos cuatro dólares la libra, alrededor de cuatro mil 300 dólares por cabeza. Cuando la frontera se cierra, ese mismo animal se vende en el mercado nacional a la mitad.

Uno de los principales problemas para estos ganaderos ha sido el gusano barrenador. Es la larva de una mosca que pone sus huevos en heridas abiertas de los animales y se los come vivos. México lo había erradicado en 1991. Reapareció en Chiapas en noviembre de 2024 y, desde entonces, la frontera ha abierto y cerrado varias veces.

Estados Unidos suspendió la importación de ganado mexicano a finales de noviembre de 2024. Reabrió en febrero de 2025 con nuevos protocolos. Volvió a cerrar el 11 de mayo de 2025, cuando la plaga avanzó hacia el norte. En julio de 2025 hubo un intento de reapertura gradual que duró dos días: un caso en Veracruz lo tiró. Desde entonces, cerrado. Hasta el 23 de agosto de 2026, cuando reabrió el cruce de Agua Prieta-Douglas, y el 24 de septiembre, el de Chihuahua.

VIGILANCIA PECUARIA

REAPERTURA del paso fronterizo San Jerónimo-Santa Teresa, el 24 de septiembre de 2026. ı Foto: Reuters

El costo lo calculó el Consejo Mexicano de la Carne en mayo de este año mil 850 millones de dólares se dejaron de captar y cerca de un millón 800 mil cabezas que no pudieron salir. Sólo en Chihuahua, al momento de la reapertura, había 150 mil reses acumuladas esperando cruzar. El estado invirtió 150 millones de pesos en adecuar las estaciones cuarentenarias con lectores de chips para rastrear cada animal y unidades caninas para detectar la larva.

La plaga, además, no se ha ido. En dos años se han documentado más de 20 mil casos en bovinos en México y otros 14 mil en otras especies. La única forma probada de erradicarla es soltar millones de moscas estériles para que la población colapse; la planta que las produce, en Metapa, Chiapas, fue inaugurada apenas el 27 de junio de 2026.

Del lado estadounidense, para finales de julio ya se habían detectado 21 casos, todos en Texas. Es decir, la frontera reabrió no porque el problema se resolvió, sino porque los dos países acordaron un protocolo para convivir con él.

El presidente de la Unión Ganadera Regional de Chihuahua, Álvaro Bustillos, lo puso en perspectiva el día de la reapertura: en más de 120 años, el mercado estadounidense sólo se había cerrado tres veces para el ganado chihuahuense, por la Revolución, la fiebre aftosa y el gusano barrenador.

Estados Unidos no sólo pide sanidad para dejar entrar al ganado. Pide seguridad, y ese cruce, precisamente porque es una zona de tránsito legal con corrales, construcciones y gente trabajando, se convirtió en un punto que el crimen organizado intentó usar para ingresar migrantes.

Nos lo explicó, desde la Torre Centinela, el director general del C7, Jorge Arturo Muro de la Rosa: “Lo que estamos haciendo es un operativo especial en este cruce fronterizo pegado a lo que es Santa Teresa y la Unión Ganadera, que es la que se encarga de la exportación del ganado que se produce en la región. Todos los ganaderos vienen a este punto para hacer una revisión de su ganado y poderlo cruzar a Estados Unidos. Como Secretaría de Seguridad Pública nos enfocamos a que no interfieran personas ajenas a la Unión Ganadera, como pueden ser migrantes o personal de la delincuencia organizada que puedan estar aprovechando para traficar con las personas”.

Este punto de cruce de ganado también fue muy importante para los polleros. Como contamos en esta columna, hoy el negocio más grande del crimen organizado en la zona Juárez-El Paso es pasar migrantes; entre ocho mil y 16 mil dólares por persona, según la Patrulla Fronteriza. Un cruce legal, con movimiento constante de personas y animales, es la cobertura perfecta.

Hubo zonas en obra dentro del complejo ganadero. Los grupos criminales intentaron pasar migrantes disfrazados de trabajadores de la construcción. Desde la torre, con grúas con cámaras a las que llaman “escorpiones”, se vigila en tiempo real lo que sucede durante el cruce.

Muro de la Rosa describe el proceso: “El ganado tiene un proceso de revisión con personal, tanto de la Unión Ganadera de Chihuahua como de la gente fitosanitaria de EU. Trabajan en conjunto. Aquí estamos viendo, tanto gente de México como estadounidenses, haciendo las revisiones y el cruce. Una vez que llegan a estos corrales, es la parte donde ya les dan salida hacia EU, pero previamente pasan por un proceso de sanidad: les hacen un baño, desparasitada, etcétera”.

La vigilancia es muy importante, dice el director del C7: “Esto nos permite hacer un filtro por parte del sistema de vigilancia de Centinela y poder coadyuvar con las autoridades, tanto norteamericanas como mexicanas, para que no suceda este tipo de situación, sobre todo en esta parte tan importante de la economía, no nada más de Chihuahua, sino a nivel nacional.

Tengo entendido que es el 44 por ciento de la exportación nacional lo que se genera aquí en Chihuahua”.

Si un migrante indocumentado cruza escondido entre el ganado, o un grupo criminal usa los corrales como paso, Estados Unidos tiene una razón de peso para cerrar nuevamente el ingreso de ganado mexicano, y cada día cerrado son cientos de reses que no cruzan.

Por eso el operativo del cruce de ganado no es un tema de seguridad pública separado del tema económico.

Mientras la sanidad la garantizan los veterinarios, la seguridad la garantizan las cámaras y los policías de la torre. Si falla cualquiera de las dos, la frontera se cierra otra vez y los pequeños ganaderos de Chihuahua, y de otras partes del país, vuelven a vender a la mitad de precio su producción.

Dieciséis meses tardó en abrirse esa puerta. Mantenerla abierta depende de la situación sanitaria, pero también, y en gran medida, de la seguridad y de que grupos delincuenciales no puedan utilizar este paso para introducir migrantes ilegales.

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