ENTRE COLEGAS

ONU: parte de guerra

Horacio Vives Segl. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Horacio Vives Segl. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Presenciamos interesantes noticias surgidas en la Organización de Naciones Unidas, particularmente en ocasión de la reunión de su Asamblea General, la semana pasada.

En primer lugar, atestiguamos la carrera por la sucesión en la Secretaría General de la ONU. Resulta lamentable que un perfil como el de Michelle Bachelet no hubiera obtenido los apoyos necesarios para mantenerse en la competencia. La expresidenta de Chile ha cultivado un bien ganado prestigio como jefa de Estado y funcionaria internacional en la propia ONU. No obstante, quedan tres muy buenos perfiles aún en la contienda: Rebeca Grynspan (Costa Rica), Carolyn Rodrigues-Birkett (Guyana) y María Fernanda Espinosa (Ecuador). Las dos primeras, al parecer, con más posibilidades. De confirmarse este escenario, sería un hito muy importante el elegir por primera vez a una mujer en el cargo. Los desafíos a enfrentar no son nada sencillos: las sabidas limitaciones del multilateralismo, el ascenso de potencias expansionistas y una seria acumulación de conflictos armados, posiblemente la más compleja desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Por otro lado, en lo que compete a México, la jefa de Estado informó oportunamente que no asistiría. A estas alturas, ¿alguien no está convencido de que le teme menos a la peste que a encontrarse con Donald Trump y ser exhibida en persona? Es cierto que se vieron personalmente en dos ocasiones, ambas relativas al Mundial de futbol, en las que la Presidenta viajó a Estados Unidos y tuvo participaciones más bien testimoniales. Nada ni remotamente cercano a lo que habría pasado de haberse presentado a la cita en Nueva York.

Para el canciller Roberto Velasco, llevar la representación de México ante la Asamblea General fue una estupenda oportunidad de presentarse en la más relevante tribuna del planeta, para fijar la postura del país ante los grandes y graves problemas geopolíticos internacionales. Dentro del concierto de nulidades que es el Gabinete presidencial mexicano, Velasco se ha caracterizado por ser en lo personal un funcionario serio, alejado de las actitudes fanfarronas que suelen caracterizar al grupo gobernante. También por su defensa de los derechosx LGBT+, lo cual es de aplaudir. En esa lógica, hay que destacar su acertada intervención en el Grupo LGBT+ de Naciones Unidas, que busca la protección de estos colectivos y la erradicación de cualquier forma de violencia y discriminación en todo el planeta.

Dicho eso, lo demás es el horror. Si alguien no había acusado recibo de lo que piensa el presidente de Estados Unidos sobre México, Trump lo dejó claro urbi et orbi. Dentro de sus dichos, los simpatizantes del régimen mexicano resaltaron la buena relación y cooperación entre los dos países y que la Presidenta de México no desea la presencia de los cárteles en el país. Pero no se puede minimizar que, sin duda, son las más graves y delicadas declaraciones que un presidente de Estados Unidos haya hecho jamás sobre México, su socio y vecino: que México es el centro de las operaciones de los cárteles del narcotráfico, que el gobierno no tiene control sobre el territorio y que es inaceptable que Estados Unidos comparta la enorme frontera que tiene con un país en esas circunstancias. No tiene desperdicio la reacción gesticular de los integrantes de la delegación mexicana ante semejantes dichos, como tampoco la de la presidenta al ser cuestionada al respecto —muy lejos de la “cabeza fría” de la que se suele hablar—.

El mensaje que dejó México fue la anodina repetición del guion de una conferencia doméstica diaria. Una oportunidad perdida para fijar una postura oficial que respondiera a las acusaciones de Trump con iniciativa, arrojo, estatura diplomática y sentido estratégico, además de eludir los grandes temas geopolíticos.

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