El problema de la escasez comienza por el tiempo, un metarrecurso, sin el cual los otros recursos sobran. Escasez de tiempo: 24 horas al día, por una determinada cantidad de días en la vida de cada uno. Es la escasez de tiempo (mortalidad), la que nos hace valorar la vida. Su abundancia (inmortalidad), la haría una permanencia interminable sin valor.
Léase, de Borges, El inmortal, el primer cuento de El Aleph, en el cual leemos esto: “La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario”. Se trata del valor infinito de lo finito y del valor finito de lo infinito. Elijo lo primero: el valor infinito de lo finito, lo cual es posible gracias a la escasez de tiempo.
Recomendando lecturas relacionadas con el tiempo, no debe pasarse por alto el Libro Undécimo de Las Confesiones de San Agustín, cuyo título es, precisamente, Sobre el tiempo. En el capítulo XX leemos lo siguiente: “Pero lo que ahora es claro y manifiesto es que no existen los pretéritos ni los futuros, ni se puede decir con propiedad que son tres tiempos: pretérito, presente y futuro; sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras. Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existen: presente de cosas pasadas (la memoria), presente de las cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación)”.
El problema de la escasez comienza por el tiempo, el más escaso de los recursos: 24 horas al día, por una determinada cantidad de días en la vida de cada uno, escasez que hace valiosa la vida, razón por la cual, que te hagan perder tu tiempo, es imperdonable. Y eso, perder tu tiempo, es a lo que te obliga, muchas veces, el gobierno.
¿Hay manera de que un burócrata te brinde un servicio, ¡verdadero servicio!, o lo único que puede hacer es ejercer un poder arbitrario sobre ti, que implica la pérdida de tu tiempo, el más escaso de los recursos?
El poder del gobierno es triple: prohibir, obligar y castigar, poderes que ejerce para limitar el ejercicio de la libertad individual y el uso de la propiedad privada. ¿Cuándo se justifica limitarlos? Cuando la libertad se ejerce, y la propiedad se usa, para violar derechos de terceros, para agredir a los demás en su vida (asesinar), su libertad (secuestrar), su propiedad (robar). Dicho sea de paso: ya que no tenemos derechos para con nosotros mismos, aunque Kant dice que sí (véase la tercera formulación de sus imperativos categóricos poniéndose atención en el “tanto en tu persona”), los derechos siempre son de terceros.
¿Cuántas veces el gobierno, injustamente, nos obliga a perder nuestro tiempo, el más escaso de los recursos?
Continuará.
El narco detrás del poder municipal
