El huracán Otis pasó de tormenta tropical a categoría 5 en menos de 24 horas en Guerrero, en octubre de 2023, y nadie esperaba que entrara con esa fuerza. La explicación está en el océano, el agua estaba más caliente y el huracán creció mucho más rápido. Así se han dado muchas otras tragedias climatológicas en estos últimos años.
Eso es el cambio climático. Estamos viviendo temperaturas cada vez más extremas, huracanes más fuertes, sequías, lluvias torrenciales en unas zonas y falta de agua en otras. Hay cosechas que se pierden porque no llovió y colonias que se inundan porque llovió de más. Parece que no le damos importancia, ya no estamos hablando del mundo que le vamos a dejar a nuestros hijos o a nuestros nietos, es el mundo en el que estamos viviendo ahora.
Por eso importa lo que arranca hoy en la Ciudad de México: la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza 2026, que se llevará a cabo del 5 al 9 de octubre. Es la segunda edición y la organiza México por el Clima, una plataforma que reúne a empresas, gobierno, organizaciones civiles, academia y organismos internacionales.
Platiqué con Álvaro Zavala, coordinador de México por el Clima, quien me explicó que la inspiración para este evento fue la Climate Week de Nueva York, que se realiza cada año en el marco de las Naciones Unidas. Zavala y su equipo, que llevan años trabajando en temas de sostenibilidad, estuvieron allá y vieron cómo toda la ciudad se moviliza durante esa semana.
YA LO VIVIMOS
“Nos dio la inquietud de poder detonar algo similar en México”, me dijo. Las conversaciones con Climate Group, la organización que encabeza la semana de Nueva York, empezaron hace cuatro años. El año pasado lograron la primera edición en colaboración con ellos.
De acuerdo con los organizadores, esa primera edición reunió a cerca de cuatro mil asistentes, 300 ponentes y 150 sesiones en tres días. Este año son cinco días.
¿Por qué se llama del clima y de la naturaleza? Zavala explica que México es un país con tanta biodiversidad que no quisieron quedarse sólo con el clima: la naturaleza es uno de los activos más importantes que tenemos.
La semana arranca hoy lunes con dos actividades. La primera es una exposición en Paseo de la Reforma con 30 fotografías de la biodiversidad de México, tomadas por la fotógrafa de conservación Cristina Mittermeier. La segunda es un evento en la Secretaría de Economía.
El martes, miércoles y jueves la sede es el Papalote Museo del Niño, en el Bosque de Chapultepec.
Le pregunté a Zavala cómo es posible que todavía haya quien diga que el cambio climático no existe.
“Ya no es algo que no tengamos enfrente, que dudemos que está pasando. Ya todos tenemos algún familiar cercano o hemos vivido alguna inundación, un desastre meteorológico, y cada vez lo vemos más cerca”, responde.
Pone el ejemplo de las inundaciones en las ciudades, que ya no son como antes. Las colonias más marginadas son las que tienen menos servicios y las que más las padecen. Y es que una inundación también genera pobreza.
El otro ejemplo es el agua. Las presas del Sistema Cutzamala, que abastece a la Ciudad de México, hoy están llenas, dice Zavala, pero hace dos años estaban casi vacías.
El problema es que las explicaciones suelen ser muy técnicas y por eso lo vemos lejano. La idea de esta semana es que cualquier persona pueda acercarse y escuchar, de boca de las organizaciones, qué está pasando y qué se está haciendo. Son más de 300 aliados que trabajan temas de agua, energías renovables y finanzas sostenibles.
Le pedí que explicara qué es la huella de carbono. Es la marca que dejamos en el ambiente cada vez que usamos un recurso natural: lo que consumimos en casa, la basura que tiramos, la energía que gastamos.
Hoy hay aplicaciones para el celular que permiten medirla. Si usted se sube a un avión, por ejemplo, puede calcular su huella a partir del combustible que se gasta en ese vuelo.
“Aunque ya estamos tarde, todavía se puede hacer”, contesta Zavala. Pero pone una condición: empezar de forma local. “Si nosotros no empezamos por hacerlo en nuestras propias casas, en nuestras colonias, en nuestros estados, con nuestras familias, esto no llega a ser un movimiento a gran escala”.
¿Y si no hacemos nada? Le pregunté cómo sería México en 20 años. “Va a haber más sequías, va a haber más desiertos, va a haber más migración climática, no va a haber playas, las líneas costeras se van a acabar”.
Muchas veces pensamos que esto le toca sólo al gobierno o a las empresas. Zavala dice que el trabajo de México por el Clima es sentarlos en un piso parejo junto con las organizaciones, que suelen ser las expertas, para discutir qué normas se necesitan y que se puedan cumplir.
Sobre las empresas, asegura que algo cambió en los últimos años: ya no lo hacen sólo porque tienen que hacerlo. Saben que sus clientes van a dejar de comprarles si no hacen algo al respecto.
No solamente son las políticas públicas y lo que hacen las empresas, también cada uno de nosotros podemos poner nuestro granito de arena, por ejemplo, separar la basura, cuidar cómo tiramos los desechos tóxicos, ahorrar agua, reutilizar lo que ya tenemos y fijarnos en cómo consumimos.
El registro para asistir está en mexicoporelclima.com.
EFECTOS TAMBIÉN CUESTAN DINERO
El cambio climático tiene costos financieros que ya están impactando la economía, por eso las instituciones financieras lo toman en cuenta antes de prestar dinero. No es que se hayan vuelto ambientalistas: quieren saber qué tan riesgoso es otorgar un crédito, así lo explican en ESG México, consultoría en sostenibilidad.
Y es que un riesgo climático puede convertirse en un riesgo financiero. Una fábrica, un hotel o un parque industrial pueden parar por falta de agua, sufrir una inundación o tener que invertir millones para adaptar su infraestructura a temperaturas cada vez más altas.
Todo eso termina por impactar los costos, los activos y el flujo de efectivo de una empresa.
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