LA UTORA

La lucidez atroz de Malcovich

Julia Santibáñez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Julia Santibáñez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

“Molinari es un hombre respetable, un Pilar de la Nación. En otras palabras: un perfecto cerdo, un notable hijo de puta”. Estas salidas de Alejandra fascinan mis ojos veinteañeros. El personaje, finamente delineado, corresponde a una chava “de remotas soledades”, brumosa, encharcada, quien se define como “una basura”.

Ya la Noticia preliminar de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato, anticipa la atmósfera. Según investigaciones luego de la tragedia ocurrida a una familia argentina, Alejandra cierra por dentro la habitación para asesinar a su padre, Fernando Vidal Olmos, de cuatro balazos. Al terminar, rocía gasolina y se quema viva.

La relación de Alejandra y su novio traza un arco narrativo en los capítulos iniciales, aunque siguen parrafadas largas sobre la guerra, en voz del abuelo de la chica. Doy cabezazos pero sigo: debo hacer un ensayo sobre el libro, para la licenciatura en Letras. Llego al capítulo 3, “Informe sobre ciegos”, rompedor de la estructura de lo previo y lo siguiente. Arranca así: “¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?”. Desaparece la tercera persona, ajenada, del inicio. Es el diario de Fernando Vidal Olmos, padre de Alejandra. Está en primera persona. Cuenta su obsesión paranoica por develar el misterio de una secta de ciegos que controla el mundo desde las sombras, asegura. Los llama “usurpadores, chantajistas morales que abundan en los subterráneos”.

Como una novela dentro de la novela, las 150 páginas del “Informe” no dan tregua. Termino de leerlas de madrugada, acorde con el tono afervorado, opresivo, pavoroso. Con la monomanía de Vidal por los ciegos. Les atribuye el doble rasero de ser videntes y encarnar, al mismo tiempo, la podredumbre humana. En mi ensayo abordo esta tensión, que Sabato explora y explota desde El túnel (1948) y en Sobre héroes y tumbas (1961).

Me viene el recuerdo porque este 3 de octubre, el actor John Malcovich actuó fragmentos del “Informe”, con el marco del machacante Concierto para piano y orquesta de cuerdas, de Arthur Schnittke, interpretado por la OFUNAM y la pianista Anastasya Terenkova. Ocurrió en la Sala Nezahualcóyotl, como parte del Festival Cultura UNAM. Me invitaron a compartir aspectos simbólicos del texto, en una plática preconcierto con el director artístico, Sylvain Gasançon, quien habló del programa musical.

Qué impresionante, atestiguar en escena lo visto en mi cabeza hace décadas. El combo de texto, actuación, partitura, piano y orquesta ofrece una experiencia frenética, al mismo tiempo que soberbia. Me imanta a la angustia. Explora la agonía, el delirio, el vacío existencial que he tocado con las manos. Llevar a cada persona a una lucidez atroz sobre lo inexpresable es también razón de ser del arte. Malcovich lo sabe.

Se queda dando vueltas en mi cuerpo el planteamiento de Vidal Olmos, en voz del actor:

“1. Dios no existe.

2. Dios existe y es un canalla.

3. Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia”.


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