Fue un domingo lluvioso en la zona centro-poniente de la capital, el Auditorio Nacional como plaza controlada para el festejo por dos años de gobierno de Clara Brugada en la Ciudad de México.
Afuera, tambores, bailes y porras. Adentro, la impuntualidad como sello 4T, amenidades musicales de primera con ensambles utópicos y Regina Orozco, la gran artista regañando a la clase política VIP, la de las primeras filas que no atendieron sus enormes interpretaciones vocales por andar haciendo net working morenista.
Clara Brugada se apropió del escenario y del auditorio. Voz firme, lectura certera, como de quien redacta su discurso, muchas cifras reforzadas con proyección monumental en las pantallas. Y dos ejes centrales, “vamos por más” y Utopías como sello de ella, de Iztapalapa para el mundo, literal porque justo antier un centro comunitario así fue inaugurado en Quito, Ecuador.
La impronta política de la Jefa de Gobierno durante el mensaje con motivo de su segundo aniversario en el poder, no fue para una capital eficiente y racional, es para el centro de poder social, es la reivindicación de la máxima lopezobradorista “por el bien de todos, primero los pobres”.
Por eso la proliferación de Utopías chicas, medianas y grandes. Asistencia a las personas cuidadoras, adultos mayores, jóvenes con acceso a clases, al deporte y a la subvención para hacer de su educación algo posible. La periferia en el centro de la visión de sus políticas públicas, los más desprotegidos como prioridad del presupuesto; la austeridad como norma y lema.
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Muchas, está la que Clara Brugada ha decidido rescatar que, sin duda ni regateo, es la de los olvidados, la de los hogares supervivientes entre las manchas grises que desde el aire anuncian carencias y condenas en tierra, servicios básicos sin garantía y el triste e injusto pronóstico de una movilidad social poco probable, violencias varias sin acceso a la justicia legal o social. Ésa es la CDMX que Brugada pone al centro de su gestión.
Otra es la urbe aspiracional, la de corporativos metidos y en la que los baches contradicen a las torres de oficinas y lofts que empoderan la gentrificación de la vivienda de clase media para arriba.
En esa de colonias rescatadas del desdoro para convertirse en nuevos centros del buen vivir, de “perrijos” entre la renacida sensación de barrio, con locales-locales para hacer comunidad, allí los afanes de la Jefa de Gobierno no se comprenden.
Gobernar es elegir y elegir es prescindir; la mayoría es clara y para ella ejerce el poder, a ella apuesta el refrendo y la proyección Brugada.
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