Es mucho lo que está en juego en Brasil. Las elecciones del domingo definieron el escenario legislativo y de los estados, el 25 de octubre se conocerá quién será el presidente.
Si Lula no vio venir un escenario como el de ayer pecó de soberbio. Por más que las encuestas lo colocaban con una ventaja entre 6 y 8 puntos porcentuales, perdió de vista algo que en un personaje como él no pareciera que pudiera pasar, estaba cantado que el norte de Brasil votaría por Lula y el sur por Flávio Bolsonaro, el país está, como muchas otras naciones dividido en dos.
La elección tuvo momentos de pesadilla para el presidente brasileño, porque por momentos la ventaja que le llevaba Bolsonaro llegó a los nueve puntos, al final la diferencia terminó cercana a los tres puntos porcentuales.

• Patinazo de Kuri
En caso de que en la segunda vuelta gane Lula, va a enfrentar un enorme problema: no va a tener capacidad de maniobra en el Congreso. Perdió la hegemonía su partido, y además en muchos estados triunfaron las fuerzas propias y aliadas de Bolsonaro.
El 25 de octubre se llevará a cabo la segunda vuelta. Es difícil predecir lo que puede pasar. Pero, como fuere, pareciera que hay un ánimo en favor de la oposición, porque quizá, entre otros muchos factores, se ha dado un hartazgo hacia la izquierda. Lula lleva mucho tiempo en la presidencia y los ciudadanos quieren ver otros rostros, y quizá también quieran escuchar otras promesas.
Mucho de lo que pasó a lo largo de estos años con Lula lo terminó inevitablemente desgastando. Uno de sus principales problemas es que dejó de leer a la sociedad brasileña a la cual le tenía muy bien tomado el pulso. Como suele suceder con los gobernantes, suponen que tienen el control cuando llevan un buen tiempo en el poder. Acaban creyendo que las sociedades les entregan cheques en blanco.
Podríamos estar ante un cambio radical en Brasil, país que se había convertido en una punta de lanza de la izquierda y de las causas de los derechos humanos y la democracia. Si ganara Bolsonaro la segunda vuelta, el cambio en el país sería dramático. Una de las razones más importantes es que tendría capacidad de maniobra en el Congreso, con lo cual podría echar abajo muchas de las reformas constitucionales que hizo Lula y el Partido de los Trabajadores.
Latinoamérica estaría moviéndose aún más hacia la derecha. En sentido estricto únicamente quedaría México, porque lo que está pasando en Cuba es el preámbulo de un cambio, todo indica que es cuestión de tiempo.
Nicaragua no puede ser catalogada de izquierda, ha perdido los principios de la revolución sandinista para irse convirtiendo en una dictadura, a pesar de lo que México planteó en la OEA. Sorprende que se pierda la capacidad crítica ante un gobierno que quita la nacionalidad a quienes salen del país huyendo en medio de la represión, o que cancela por decreto las elecciones.
De nuevo la política exterior mexicana se vuelve de contentillo, sin que medie un análisis o reflexión propias de la historia de la política mexicana ante el mundo. Se han dejado de aplicar los principios de la política exterior para entrar en el terreno de una enorme subjetividad, en donde todo empieza y termina con decisiones que tienen que ver con si son gobiernos empáticos; se ha ido de tumbo en tumbo.
Venezuela, a pesar de que sigue siendo un poco lo que era con Chávez y Maduro, se ha convertido en un instrumento de EU para apoderarse del petróleo. Los actuales gobernantes están dispuestos a lo que sea con tal de que no los suban en un helicóptero y se los lleven a EU.
Lula tendrá que regresar a sus básicos para poder meterse en la pelea. Hoy la tendencia lo coloca ante una eventual derrota, no será la primera vez, pero en esta ocasión el escenario está sumamente complicado.
RESQUICIOS.
Dice en su libro Pueblo López Obrador que el acto de revocarle la visa a su hijo fue “canallesco”, y que las pruebas en contra de Rocha Moya son “hechizas”.

Las ciudades de México

