El jueves 1 de octubre, alrededor de las 8:30 de la mañana, dos hermanos gemelos de 18 años entraron a la Secundaria General Número 13, en el ejido La Unión, en Torreón, Coahuila.
Iban armados con machetes, cuchillos, un hacha y petardos. Mataron a la subdirectora del plantel, Nedi Edith Nevárez González, e hirieron a cuatro personas más, entre ellas un alumno de 13 años.
La respuesta del Gobierno federal fue anunciar un decreto para obligar a las plataformas digitales a bajar contenidos violentos. Pero lo que pasó en Torreón no es un problema de redes sociales. Es un problema de violencia y de salud mental, y si no se ve de fondo, puede repetirse en otros lugares del país.
TRAGEDIA
Era el cambio entre la segunda y la tercera clase, ese día llovía y de los 210 alumnos de la escuela habían llegado alrededor de 170. Los gritos empezaron en los baños, ahí fue donde violentaron a una maestra de una forma tremenda.
Una alumna contó que vio entrar a una maestra y detrás de ella a dos muchachos que nadie reconoció. Cuando empezaron las explosiones, los estudiantes se encerraron en los salones y atrancaron las puertas con sillas.
Los jóvenes conocían bien la escuela, en ese plantel habían estudiado. Lo que llama la atención es que no tenían nada en contra de los maestros o de los estudiantes, simplemente estaban haciendo un reto.
Pero, además, cuando se ven las fotos de los jóvenes, se ven mucho más chicos, parecieran menores de 15 años. Hoy sabemos que son mayores de edad y como tal enfrentarán la justicia.
Lo más preocupante, de acuerdo con información de inteligencia de la Fiscalía estatal, los hermanos formaban parte de un chat de WhatsApp llamado Wrath, que en español significa “ira”, con 43 integrantes de varios estados, sobre todo de Nuevo León.
Según esa información, para entrar al grupo hay que pasar pruebas, y sus integrantes intercambian datos sobre masacres en otras partes del mundo: desde la de la preparatoria Columbine, en Estados Unidos, en 1999, hasta atentados terroristas.
El día del ataque, uno de los hermanos llevaba varias playeras encimadas. Tenían símbolos satanistas, referencias a otros atentados e imágenes contra las mujeres.
No hay una ideología ni una religión que los una. Estamos hablando de retos, de grupos de mensajería, de muchachos que hacen lo que sea por pertenecer. Lo que buscaban era cumplir una especie de rito de iniciación. No iban contra alguien en particular.
En ese chat hablan de haberse inspirado en otros ataques terroristas y como tales estaban vestidos, traían varias sudaderas en capas, siendo tan delgados trataban de verse un poco más voluminosos. En su ropa tenían imágenes de distintas matanzas y grupos terroristas.
Aquí es lo grave, ¿cuántos chats como ésos puede haber en todo el país?
Al principio se habló de armas de fuego. La Fiscalía de Coahuila aclaró después que fueron armas blancas y petardos. Los hermanos fueron retenidos por habitantes del ejido, que llegaron al escuchar las explosiones, y después quedaron bajo custodia de las autoridades.
Estos jóvenes fueron detenidos de inmediato por la Fiscalía de Coahuila y ya fueron vinculados a proceso por homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado.
Hoy están en prisión preventiva, la investigación tiene seis meses de plazo y, al ser juzgados como mayores de edad, pueden alcanzar hasta 60 años de cárcel.
Eran exalumnos de esa misma secundaria. En el ejido les decían Los Cuates. Cuando uno ve las fotos, parecen niños de no más de 15 años.
Vivían con su madre y sus abuelos. Su abuelo, Alfonso Quintero, los describió como muchachos de vida tranquila. Una vecina dijo que casi no salían. Después de dejar la escuela pasaban horas encerrados en un cuarto, con el celular como su principal contacto con el exterior. Tras el ataque, la familia dejó su casa en el ejido por temor a la reacción de la comunidad.
En el cuarto de estos agresores se encontraron frases escritas como: “La vida no tiene valor si no eres nadie”. También se hallaron residuos que podrían ser de pólvora, algo que tendrá que determinar la investigación.
Es similar a la frase que tienen varios pandilleros cuando dicen que “más vale tres años de rey que toda una vida de buey”, cuando se refieren a que saben que entrando al crimen organizado sólo podrían vivir un par de años, pero así lo prefieren.
De estos cuates también llama la atención que no estaban drogados ni alcoholizados: las autoridades no han encontrado indicios de consumo de sustancias. La Fiscalía estatal habla de un contexto de desintegración familiar. Y de algo más: en sus primeras declaraciones, los hermanos dijeron que buscaban pertenecer a ciertos grupos y que idolatraban a autores de ataques similares en otros países.
La respuesta desde el Ejecutivo federal deja mucho que desear. La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció que se conformó un grupo de trabajo con la Secretaría de Seguridad, la Consejería Jurídica, la Agencia de Transformación Digital, la Secretaría de Educación Pública y el Centro Nacional de Inteligencia. “No se puede ser omiso”, dijo en su conferencia.
El centro de la propuesta es un decreto que obligue a las plataformas a detectar, reportar y retirar contenidos que inciten a la violencia, y reformas para regular el acceso de menores a redes sociales.
También se anunció que el Centro Nacional de Inteligencia dará seguimiento a comunidades en línea, que habrá buzones confidenciales en las escuelas y que se reforzará el programa ABC de las emociones.
Pero eso no tiene nada que ver con la agresión y matanza de Torreón, las redes no fueron el lugar donde estos jóvenes se encontraron con otros como ellos. No fueron la razón por la que dos muchachos de 18 años pasaban los días encerrados en un cuarto, fuera de la escuela, sin que nadie notara lo que estaban preparando.
El tema es mucho más profundo, algo está pasando con el abandono de nuestros niños y de nuestros jóvenes. Crecen en un país más violento, y muchos lo hacen solos, con problemas de salud mental que nadie atiende.
La organización Causa en Común ha contabilizado tres mil 36 masacres en México entre enero de 2020 y marzo de 2026. Ése es el país que estos muchachos ven todos los días.
Muchas veces se busca la explicación más sencilla porque la otra obliga a hacer mucho más: psicólogos en las escuelas, atención a las familias, seguimiento a los jóvenes que abandonan los estudios. Por ejemplo, las escuelas de tiempo completo que se tenían eran una gran opción para que los niños y adolescentes estuvieran resguardados, vigilados y había profesionales con ellos que podían detectar un foco rojo, eso lo quitaron desde el 2018 con la llegada de la 4T. Un buzón y censurar las redes sociales no alcanza.
En Torreón murió una maestra a manos de dos exalumnos de su propia escuela. Bajar un video de una plataforma no lo habría evitado. Alguien que se diera cuenta a tiempo, quizá sí.
La lucidez atroz de Malcovich
