No deja de ser una constante para el Gobierno y Morena señalar al pasado “neoliberal” y “derechista” la responsabilidad de muchos de los problemas que ya son de ellos.
En ocasiones se hacen a un lado como si no fueran quienes ahora son los responsables de todas las ventanillas. Es cierto que una parte del pasado no solamente es cuestionable, sino que además creó condiciones muy desfavorables para el país, pero lo que no se puede soslayar es que este Gobierno y el anterior han venido haciendo su parte, hoy inevitablemente son corresponsables, sin pasar por alto los elementos positivos que han acompañado su gobernabilidad.
Llevan ocho años en el poder y por más que sigan pensando en el pasado anterior a ellos como eje de todos los males, es evidente que la responsabilidad de muchas cosas recae directamente en la llamada 4T.
A menudo, Morena no parece que haya entendido que son el partido en el poder y terminan comportándose como si fueran oposición. Por momentos parecen partido que reclama al gobierno, se distingue por proclamas y actos en donde no pareciera que hayan caído en cuenta que desde hace ocho años son Gobierno.
Le reclaman a la oposición por cómo se comporta en las cámaras y en diferentes foros, olvidando las estrategias que utilizaron a lo largo de muchos años, particularmente cuando eran PRD, partido que, junto con el PRI, es una de las bases de Morena.
Es cuestión de hacer memoria y recordar cómo cerraban calles; impedían sesiones en las cámaras; reclamaban de manera firme y ruda a los gobiernos en turno, y, sobre todo, cómo se asumían como la oposición legítima que merecía gobernar.
Hoy que es así no dejan de parecer, por momentos, oposición de ellos mismos, a la vez que olvidan muchas de las estrategias que llevaron a cabo a lo largo de mucho tiempo.
López Obrador es el ejemplo de ello. Tomó pozos petroleros; tomó las calles y avenidas del Centro Histórico; realizó manifestaciones en innumerables ocasiones; utilizó un lenguaje rudo, muchas veces agresivo y grosero; mandó al diablo a las instituciones; repitió una y otra vez que no me vengan con que la ley es la ley a lo largo de su largo proceso como opositor.
No tendrían el Gobierno y su partido que decirse sorprendidos por lo que hace la oposición y diversas organizaciones sociales. Es un camino propio de quienes no están en el gobierno. La vida política de cualquier país se echa a andar en buena medida por la crítica sistemática propia de la gobernabilidad que se asume como plural, libre, respetuosa de los derechos humanos y por encima de todo democrática.
Lo que critica el partido y su Gobierno es, en muchas ocasiones, lo mismo que hicieron cuando eran oposición. Lo más grave, en muchos casos, es que han venido repitiendo viejos vicios que prometieron que harían a un lado. Por ningún motivo se soslayan los avances de los últimos años, pero cada vez suena menos creíble la insistencia de que no son como los de antes en algunos temas.
El Gobierno y Morena deben asumir que son quienes dirigen el tránsito. Son Gobierno y no pueden estar respondiendo en las mañaneras a todo lo que se plantea, porque detrás de todo el proceso de la gobernabilidad hay una planeación que se debe respetar.
El tema Querétaro y la academia de policía y el “gran descubrimiento de huachicol fiscal” en Guanajuato dejan puras dudas, en buena medida, por la forma en que se informó y respondió.
El Gobierno y su partido son los responsables de lo que le pasa al país. Nos movemos al ritmo que tocan, el cual es desigual, y a menudo va acompañado de reclamos a veces cargados de actitudes vengativas.
RESQUICIOS.
La bronca por la designación de coordinadores no para. En Guerrero, Félix Salgado no deja de hacer asambleas. Tatiana Clouthier en NL no le va a dar ni el saludo a Clara Luz, mientras otros suspirantes de la alianza se mueven en silencio. En Zacatecas, el PT quiere sacar algo. En Chihuahua, dieron premio de consolación a quien cree que merece todo.