ANTROPOCENO

Tras Brasil, México en la encrucijada

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Este año cayó la izquierda en Colombia y en Brasil. En este último falta la segunda vuelta de la elección presidencial, pero el Poder Legislativo quedó a la derecha.

En México, en los chats opositores se festeja con memes de Maduro, Petro y Lula desintegrándose, junto a la silueta de la Presidenta Claudia Sheinbaum al final de la fila. Pero nuestro país no es igual a aquellos tres. Colombia y Brasil están, junto con Sudáfrica, entre las naciones más desiguales del mundo, mientras que México ha salido de ese club y se encuentra en el momento de mayor igualdad de su historia moderna. No me creas a mí, lector, verifica tú mismo los datos.

En su libro La invención del bien y del mal, Hanno Sauer explica: “La desigualdad social se puede medir de distintas maneras. El instrumento más conocido para determinar la desigualdad de riqueza es el coeficiente de Gini. Siempre se sitúa entre el 0 y el 1 y refleja las desigualdades distributivas en el ámbito nacional, así que es válido para países enteros. Un valor de Gini de 1 significaría que una sola persona dispone de la riqueza de todo un país, mientras que los demás no tienen nada. En el caso de un valor 0, cada persona posee exactamente la misma riqueza o los mismos ingresos. En términos generales, podría decirse que los países menos igualitarios del mundo, como Sudáfrica, obtienen un coeficiente de Gini aproximado de 0.6. En el medio —entre el 0.4 y el 0.5— se sitúan países como Estados Unidos o Rusia, donde las desigualdades también están muy extendidas. En comparación, países más igualitarios como Alemania o los Países Bajos obtienen un 0.3 o algo menos”.

Ahora consultemos a Google: “El coeficiente de Gini en México se ubicó en 0.391 según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) del Inegi, lo que representa el nivel de desigualdad más bajo registrado en la historia moderna del país”.

Cierto, comparados con Canadá o los países europeos, seguimos siendo una nación muy desigual. E, incluso, el cambio histórico en el Gini podría mover el péndulo hacia la derecha. Quien gana un poco más, a veces ya se toma un respiro para escuchar o leer las noticias, ejerce su ciudadanía en vez de sólo sobrevivir y entonces lo indigna la corrupción en la izquierda o la inseguridad percibida. Así ocurrió en Brasil cuando ganó Bolsonaro padre en 2018: muchos de sus votantes habían salido de la miseria gracias al gobierno de Lula.

Pero el futuro está abierto y no es seguro que seguiremos los pasos de Colombia o Brasil. La sociedad mexicana podría emular los ejemplos de Uruguay, Canadá y Europa, y disminuir aún más la desigualdad. Según sondeos, los mexicanos rechazan la ultraderecha. La comunicación política del Gobierno federal, desde las mañaneras, muestra continuidad entre AMLO y Sheinbaum, lo que no existió entre Lula y Dilma Rousseff.

La pregunta política de los próximos años será si la reducción histórica de la desigualdad en México consigue consolidarse en instituciones y servicios públicos eficientes. El futuro no está escrito: una sociedad más igualitaria puede mirar hacia la derecha o hacia la izquierda.

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