VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

A tres años del 7 de octubre

Gabriel Morales Sod<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Una foto en particular me dejó pensando esta semana. Benjamin Netanyahu y su esposa, ella con lentes oscuros, rodeados de dos ministros de la actual coalición, se congregaron el cinco de este mes en el cementerio militar de Monte Herzl, en Jerusalén, para conmemorar tres años desde aquel 7 de octubre.

Cómo puede ser posible que quienes estaban al mando del país y eran responsables de la seguridad de sus ciudadanos sigan ahí tres años después es algo muy difícil de entender. En cualquier país meramente democrático, presidentes y primeros ministros renuncian o son forzados a renunciar por mucho menos. En México, el asesinato de los 43 catapultó el enojo de la población por la violencia y el gobierno en turno terminaría perdiendo rotundamente las siguientes elecciones. En Gran Bretaña, bastaron unas reuniones prohibidas del primer ministro bajo las regulaciones del covid para tumbar al gobierno. No obstante, a pesar de que durante las primeras semanas parecía sólo cuestión de tiempo para que Netanyahu y su gobierno se fueran, la coalición gobernante logró, contra todo pronóstico, mantenerse en el poder hasta el fin de sus días.

Para mantenerse a flote, Netanyahu trató de cambiar la narrativa de lo que sucedió ese fatídico día. Primero, tratando de eximirse de toda culpa y señalando a las fuerzas armadas y a los equipos de inteligencia como los culpables de la terrible falla de seguridad. La manipulación llegó a tal grado que Netanyahu salió en televisión pública a decir que, si lo hubieran despertado antes, las cosas habrían sido distintas. Varias revelaciones de distintos medios nacionales e internacionales han desmentido este argumento. Semanas antes del ataque, tanto el Emir de los Emiratos Árabes Unidos como la inteligencia egipcia le advirtieron directamente al primer ministro que Hamas planeaba un ataque. El propio ejército israelí advirtió de una guerra en todos sus frentes. Netanyahu despertó a las 6:30, pero no fue hasta las 10 de la mañana que se comunicó con el jefe del ejército.

Segundo, difundiendo, por medio de bots y sus aliados en varios medios, teorías de conspiración que apuntan a que el 7 de octubre fue lo que se conoce en inglés como inside job, un plan de la izquierda para sacar a Bibi del poder. A pesar de que estas narrativas han tomado fuerza, la gran mayoría del país sabe quién es el culpable. Y no porque se haya parado a tal o cual hora, y tampoco por el simple hecho de ser primer ministro, sino porque durante años Netanyahu estableció un paradigma político y de seguridad donde se decidió fortalecer a Hamas a costa de la Autoridad Palestina. Incluso se permitieron transferencias millonarias a la organización terrorista desde Qatar, aun cuando se sabía que un buen porcentaje estaba yendo a su brazo militar y no a los civiles. No es casualidad que tres de sus asesores más cercanos se encuentren bajo investigación por haber trabajado para Qatar durante la guerra.

Netanyahu tarde o temprano saldrá del poder y se establecerá, como lo quiere el país, un comité de la verdad que revele todos los protocolos, que investigue los nexos entre Bibi y Qatar y que muestre si las advertencias en verdad llegaron a sus oídos.

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