LA VIDA DE LAS EMOCIONES

El violador eres tú

Valeria Villa<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Valeria Villa*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

El horror de una violación tumultuaria a una estudiante de 20 años de la Universidad de Cornell ocurrida en 2024 ha sacudido las noticias de los últimos días. Según su denuncia, después de consumir alcohol, fue presionada para ingerir otras sustancias y sufrió agresiones sexuales por parte de varios integrantes de la fraternidad Chi Phi. Mensajes en un chat grupal habrían alentado la participación de otros hombres. En septiembre de 2026, Jane Doe demandó civilmente a siete hombres y a varias instituciones por su presunta responsabilidad y falta de protección. La investigación penal fue reabierta.

Como todo en esta era de la inmediatez, el caso caerá pronto en el olvido, en cuanto aparezca un nuevo asunto horrible o escandaloso. Las dificultades que enfrentan las víctimas de violencia sexual para obtener justicia no deberían perder importancia nunca.

El consentimiento en las relaciones sexuales ha vuelto a ocupar un lugar en la conversación pública, así como ocurrió con movimientos como el MeToo, iniciado en Estados Unidos, con repercusiones en muchos países. O con aquella denuncia valiente del colectivo Las tesis de Chile que gritaban y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía, el violador eres tú.

En días recientes he escuchado historias de mujeres, que movidas por el caso en Cornell, han dicho que todas, en algún momento, hemos sido Jane Doe: haber accedido a compartir unas copas de vino fue pretexto suficiente para que un amigo de toda la vida la presionara para tener sexo, porque supuso que eso era lo que ella quería aunque no lo hubiera dicho explícitamente; amanecer en la cama de alguien, después de haberse desmayado por el consumo del alcohol u otras drogas, para descubrir que había sido violada; sentir una deuda sexual con alguien que le dio posada unos días, cuando se quedó sin trabajo y sin casa.

Lo que conecta estos relatos es la culpa de las mujeres, reforzada siempre por los juicios sociales que siguen culpando a las víctimas, preguntando qué hacía ella en esa fiesta, en esa situación, por qué se drogó, por qué no huyó, por qué se tardó tanto en denunciar, por qué no dijo nada inmediatamente, por qué llevaba ese vestido y esos tacones, por qué no se cuidó más. Todas estas preguntas están del lado de las mujeres que han sido víctimas de algún tipo de agresión sexual, pero parece no haber preguntas para los violadores. Así pasó en el caso de Cornell. Las autoridades de la Universidad siempre estuvieron más preocupadas por cuidar el buen nombre de su institución que por hacer una investigación a fondo.

La división Mujeres de las Naciones Unidas ha tenido que lanzar una campaña para recordar que el consentimiento debe darse libremente y no existe cuando alguien está bajo los efectos de drogas o de alcohol.

También que no hay ninguna excusa para violar el consentimiento o para culpar a aquella persona cuyo consentimiento fue violado.

Sigue siendo necesario crear una cultura del consentimiento:

Si alguien está inconsciente, no hay consentimiento.

Un sí forzado, no es consentimiento.

Una minifalda no es consentimiento.

Alguien borracho no puede dar su consentimiento.

Flirtear no es consentimiento.

“Tal vez” no es consentimiento.

Haber consentido en el pasado no es consentimiento.

El silencio no es consentimiento.

“No sé” no es consentimiento.

“No” no es consentimiento.

Valeria VillaEl violador eres tú

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