A un mes de las elecciones de mitad de mandato un frenesí de encuestas trata de predecir los resultados y los analistas políticos llevan y traen números buscando darle sentido al sinsentido. Lo único cierto es que es incierto cómo quedarán constituidas las cámaras legislativas y las gubernaturas que están en juego.
La importancia de estos comicios, que suelen pasar desapercibidos, radica en que definirá la suerte de la presidencia de Donald Trump. De perder el control de la cámara de diputados es casi seguro que el mandatario afrontará un tercer juicio político.
La aprobación del presidente está en su punto más bajo en la historia, con apenas un 32 por ciento. El rechazo a su gestión asciende a más de 60 por ciento. En este escenario, el voto latino emerge como un factor decisivo en los resultados por venir. En la última elección presidencial y en la anterior elección intermedia, el voto latino se decantó por el Partido Republicano. Hoy esto resulta incierto a ser una población que muestra signos de desencanto con el gobierno.
Los latinos retan la compresión simplista del bipartidismo norteamericano. Apoyan la migración legal, pero ansían la mano dura contra el crimen. Son conservadores en su cultura base, pero exigen un estado de bienestar que incluya apoyos a la salud pública y a los cuidados familiares. Recienten la discriminación, pero son profundamente religiosos. Son un electorado que no responde a lealtades partidistas sino a razones que ganen su preferencia. No son un bloque, no son el voto duro de nadie, exigen resultados y definen elecciones.
Las predicciones que vaticinan la debacle republicana contemplan el voto de castigo latino favoreciendo a los demócratas. Esto basado en dos promesas rotas: la mejora de la economía y el circunscribir las redadas del ICE a criminales. La realidad indica que la vida se ha encarecido para la mayoría de los hogares latinos y que las redadas han causado terror en las comunidades, verificándose violaciones recurrentes a los derechos humanos y persiguiendo a cualquiera que pertenezca al perfil racial latinoamericano. Si este viraje se verifica, probablemente el control del legislativo regrese a manos demócratas.
La comunidad latina es y será cada vez más importante en el mapa electoral norteamericano. Su crecimiento poblacional y económico va en aumento y está reclamando su lugar por derecho propio. El Partido Demócrata hace mal en apostar simplemente por el voto de castigo y no pensar en una plataforma de apoyo real a los intereses variados de esta comunidad. Por esto, su voto sigue siendo una incógnita y su lealtad un reto. Ningún partido ha hecho lo suficiente para ganarlo y su apoyo es decisivo. Esperemos que los latinos hagan valer su voto y obtengan el reconocimiento merecido.