QUEBRADERO

Guadalajara. represión y agua

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Guadalajara está envuelta en una comedia de errores, horrores, improvisación y desatención.

El problema del agua estaba latente y presente de tiempo atrás. Las tuberías de la ciudad llevan cerca de 70 años sin ser renovadas. La cuestión no era únicamente el suministro del agua era y es la calidad del líquido.

En la lista de responsables están gobernadores del PRI, PAN y MC. Se fueron pasando las responsabilidades, bajo el supuesto de que el siguiente gobernante tendría que resolver el problema.

Ciertamente, los ciudadanos fueron un tanto pasivos, suponiendo que el problema lo tenían que resolver los gobernantes. Como suele suceder, se fue pensando que las cosas se iban resolviendo, lo cual, al paso del tiempo, enfrentó a la terca realidad para demostrar lo contrario.

Varios investigadores y especialistas alertaron sobre lo que estaba pasando. Entre otras cosas hicieron ver con claridad que la inauguración de una presa iba a ser la solución. El agua se venía contaminando de mucho tiempo atrás y los arreglos que le hicieron a la presa, después de inaugurada, vinieron en algún sentido a agudizar aún más el problema.

Lo alertaron, estudiosos y especialistas de instituciones como la Universidad de Guadalajara. Sin embargo, no fueron escuchados en medio de la euforia del ejercicio del poder encabezada por López Obrador, el entonces gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, y como invitada la hoy Presidenta. En la cotidianidad los ciudadanos abrían el grifo de las llaves de agua para encontrar aguas negras y totalmente contaminadas.

Las protestas, obviamente, se fueron intensificando, las y los tapatíos salieron a las calles en un hecho extraordinario: protestaron por su derecho a un agua no contaminada que fuera limpia y transparente.

Se calcula que quizá el 60% de la zona metropolitana pueda estar siendo afectada. El problema explotó en todos los sentidos, lo que llevó a que la gente protestara y se organizara, la gran marcha del domingo es resultado de ello. El gobierno del estado no entendió el sentido de la protesta y el justificado enojo ciudadano.

Es una constante que la oposición cuando llega al poder olvide las muchas protestas que llevaron a cabo para impugnar al gobierno en turno y para abrirse espacios, pero sobre todo, para hacerse valer y buscar la manera de responder a las demandas de sus seguidores y, en general, de la ciudadanía.

Lo que hizo el gobernador Pablo Lemus estuvo totalmente fuera de lugar. Se supone que tiene el termómetro del estado y, particularmente, de la zona metropolitana, gobernó Zapopan en dos ocasiones.

Estaba a la vista que la manifestación del domingo sería tumultuosa.

No es común que salgan a la calle más de 10 mil ciudadanos para protestar por las condiciones en que reciben el agua. Si el gobierno no alcanzó a leer lo que se podía venir, significa que está lejos de tener el termómetro de la vida cotidiana de Guadalajara y, en general, la zona metropolitana.

Desde que los manifestantes estaban en la Glorieta de la Minerva se podía tener una idea de lo que se venía. Lo que pasó al llegar a Casa Jalisco pudo haber sido evitado, más allá de que hubiera grupos que agudizaran la protesta.

El problema central es el agua contaminada, pero ahora se sumó otro que seguramente traerá riesgosas secuelas. Además, el gobernador le dio parque a Morena en lo local y a la Presidenta le permitió colocar en la mira a un gobernador más de oposición.

Mucho le han costado al país las represiones. Ahora hay que resolver dos problemas: el agua contaminada, lo cual no se va a solucionar en poco tiempo, y explicar el porqué se tomó la decisión de que salieran los policías a reprimir sin ton ni son a una protesta totalmente legítima.

RESQUICIOS.

El gobierno de Morelos, de la mano del federal, intercambió a tres oficiales por un delincuente. La Presidenta reconoció que existe una base social que defiende a los delincuentes; en eso estamos, no sólo en Morelos.

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