ACORDES INTERNACIONALES

Riad y sus aliados

Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Valeria López Vela. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El aeropuerto internacional Rey Khalid permanecerá cerrado hasta el 17 de octubre. Dos ataques hutíes durante el fin de semana dejaron al menos 13 muertos y más de 300 heridos, el saldo más grave registrado en Arabia Saudita en una década. El domingo murió una persona más: un ciudadano paquistaní.

La lectura inmediata atribuye a esos misiles la activación del Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca. La cronología, por su parte, dice otra cosa. El pacto se firmó el 7 de agosto; Arabia Saudita, Turquía y Pakistán resolvieron aplicarlo el 5 de octubre, cuatro días antes del primer impacto contra el aeropuerto. Lo que lo activó fue un golpe sobre la subestación que alimenta la Mezquita del Profeta, en Medina, y la advertencia de Islamabad ante la Asamblea General de que un ataque contra La Meca constituiría una línea roja.

El documento consagra que la seguridad de cada parte integra la seguridad de las tres y dispone despliegues rápidos en territorio saudí: personal y aeronaves paquistaníes ya instalados, capacidad turca de drones, “medidas colectivas de disuasión” en el lenguaje del ministro Jalid bin Salmán. Protección sobre el suelo del reino y sobre sus ciudades santas.

Los hutíes leyeron ese perímetro con precisión notable. Su portavoz militar anunció operaciones en profundidad dentro de Arabia Saudita y advirtió que todos los aeropuertos del reino quedan expuestos, con excepción de los de La Meca y Medina. El adversario señala así dónde empieza la cláusula que convoca a tres ejércitos y elige sus blancos del lado donde responde uno solo.

El martes lo confirmó el reparto de tareas. La coalición que bombardeó el principal depósito de combustible de Saná, con aviso previo de evacuación, y que alcanzó objetivos en Saada y Dhamar, la encabeza Riad. Turquía y Pakistán custodian; Arabia Saudita ataca. Entre custodiar y atacar corre la frontera real del compromiso.

Fuera de cobertura queda, justamente, el proyecto económico. Delta aplazó hasta marzo de 2027 la ruta Atlanta-Riad prevista para el 23 de octubre, que habría sido el primer vuelo directo de una aerolínea estadounidense al reino. La agencia europea amplió el 9 de octubre su advertencia sobre el espacio aéreo saudí; la FAA emitió la suya el 11, vigente hasta diciembre. Qatar Airways, Emirates, Etihad y Lufthansa cancelaron. Ninguna cláusula de defensa colectiva obliga a una aseguradora, a un regulador europeo ni a un consejo de administración en Atlanta.

Desde Washington, Donald Trump atribuye la ofensiva al interés hutí por encarecer el crudo antes de las elecciones de noviembre. Una vez más, el aliado mayor calcula en barriles y en escaños.

Arabia Saudita descubrió esta semana qué cubre su alianza. Los santuarios tienen tres ejércitos; las terminales sólo tienen un comunicado. La previsibilidad que el proyecto de diversificación saudí Vision 2030 necesita -aterrizar, abordar, regresar- carece de tratado que la garantice y depende por entero del final de una guerra que Riad libra sola.

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