QUEBRADERO

La derecha

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Sin soslayar que EU ha venido interviniendo en la vida interna de muchos países de América Latina, no solamente ahora sino de siempre, lo cual va llevando a la derechización política, no puede pasarse por alto que las sociedades están en el hartazgo, producto de innumerables promesas incumplidas y de la corrupción, contra la cual varios gobiernos de izquierda aseguraron que acabarían.

Más allá de los péndulos políticos de izquierda y derechas, los ciudadanos están exigiendo resultados de sus gobiernos, lo que significa tener seguridad, buenos sistemas de salud, educación, empleo y condiciones económicas que les permitan vivir más que sobrevivir.

La seguridad se ha convertido en un asunto prioritario. Una de las grandes debilidades en América Latina está en la inseguridad que se vive en sus grandes ciudades.

Lo que está pasando en países como El Salvador tienen su explicación en el hartazgo ciudadano, el cual ha sido canalizado por un presidente que ha llevado las cosas al extremo. No hay manera de explicar las cosas que no sea a través de una política que acabó convenciendo a los salvadoreños, porque les resolvió en apariencia uno de sus principales problemas.

No es casual que el nivel de popularidad de Bukele sea tan alto y que además tenga en el tema de la seguridad uno de sus principales bastiones y reconocimientos. Poco o nada, ha importado la violación de los derechos humanos y los estigmas que se han creado en la sociedad, en algunos casos sólo por tener tatuajes algunos ciudadanos han sido detenidos.

La derecha está avanzando ante la incapacidad de los gobiernos de izquierda. Las cosas han venido cambiando, porque la gobernabilidad se ha concentrado en las élites de los gobiernos y de su partido. Dicen representar al “pueblo” pero al final acaban en peleas internas estériles, y lo peor es la repetición de muchos de los vicios que criticaron cuando eran oposición.

La derecha no necesariamente resuelve los problemas cotidianos. Lo que sí hace es cualquier cosa con tal de verse efectiva en la gobernabilidad, y para ello poco o nada importan la democracia, los derechos humanos, los espacios de libertad y pluralidad.

Esto también le ha pasado a la izquierda. La cuestión es que la derecha resuelve el aquí y ahora y lo que quiere la gente es resolver sus vidas, no solamente que la llenen de narrativas que no necesariamente acaban por cumplirse.

Si el próximo domingo Lula pierde las elecciones presidenciales, Brasil puede entrar en una larga pesadilla, porque como el país importante que es en muchos sentidos, terminará por sumarse a una corriente derechista que no se puede perder de vista que tiene su punto de partida en los fallidos gobiernos de izquierda.

Lo que está pasando es un serio llamado de atención para la 4T. México podría quedar muy aislado, lo que podría llevar al gobierno a enconcharse aún más. Como fuere, la relación con Brasil y Colombia colocaba a nuestro país bajo un paraguas que permitía tener posiciones comunes ante problemas comunes en la región, y, sobre todo, ante el avasallamiento de Donald Trump.

La derecha no solamente avanza en América Latina, sino en muchas naciones en el mundo. El futuro es incierto, porque no están surgiendo alternativas. Lo más delicado es que la democracia está sirviendo para consolidar gobiernos de derecha y algunos que se dicen de izquierda, como es el caso cubano y nicaragüense.

La derecha no va a dejar de avanzar. Las alternativas van a requerir de tiempo. En el caso mexicano, lo más delicado es que no hay equilibrios, el principal problema que tiene la 4T está en interior.

La derecha está avanzando, entre otras razones, ante la incapacidad de la izquierda.

RESQUICIOS.

El gobierno ha tenido que ir reconociendo que el sistema de salud está en medio de una grave crisis. No lo hace explícitamente, pero está tomando decisiones para atacar los problemas que están a la vista de todos; por obvias razones ya nadie habla de Dinamarca.

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