Juchitán, el mismo municipio que solía ser un pueblo mágico y cuna de grandes artistas plásticos oaxaqueños, ha quedado convertido en un matadero.
Esta semana, en sólo tres días, asesinaron a seis personas.
Entre las víctimas había un estudiante de 19 años y dos mototaxistas. Un niño de dos años resultó herido durante uno de los ataques, en esta ciudad que lleva 10 años viendo cómo se transforma su paz en violencia cotidiana.
Juchitán es uno de los grandes corazones culturales del pueblo zapoteca y del Istmo de Tehuantepec.
Es la tierra donde nació el pintor Francisco Toledo y su hija Natalia, la poeta que ha llevado la lengua zapoteca a la literatura internacional.
Ahí nacieron también el pintor y escultor Víctor Cha’ca y Macario Matus, escritor y promotor de la cultura indígena.
Solía ser la ciudad que daba al país arte, literatura e identidad, antes de convertirse en el bastión de Los Cromos, brazo del Cártel Jalisco Nueva Generación.
De acuerdo con la Fiscalía General del Estado, en 2022 se registraron ahí 53 homicidios dolosos; en 2023 fueron 60; en 2024 la cifra se disparó a 103 y en 2025 se contabilizaron 88.
Van 304 personas asesinadas en cuatro años. Entre enero y agosto de 2026 se sumaron otras 44 víctimas, y los crímenes de octubre confirman que la violencia no dará tregua.
Son alrededor de 670 asesinatos los que la Fiscalía local asocia con Los Cromos en toda la región, señalados también por extorsiones, cobros de piso y amenazas contra comerciantes.
Las investigaciones apuntan a la presunta infiltración del grupo criminal en el gobierno municipal, sospecha que se reforzó tras la detención del alcalde Miguel Sánchez Altamirano, militante de Morena, investigado por extorsión agravada y delitos contra la seguridad del Estado.
También fue detenido Jhon Kenny Segura Moreno, excomisionado de la Policía Municipal, señalado por presuntamente brindar protección a Los Cromos.
La infiltración habría alcanzado incluso al sistema de vigilancia municipal. En junio de 2025, la Fiscalía descubrió que las imágenes de casi cien cámaras de seguridad eran retransmitidas a personas no autorizadas.
El responsable del centro de monitoreo fue detenido. Posteriormente, las investigaciones señalaron que el propio alcalde presuntamente facilitaba información de esas cámaras a Los Cromos para advertirles sobre la presencia de fuerzas estatales y federales.
Es decir, que las herramientas instaladas para proteger a los habitantes de Juchitán habrían terminado sirviendo a los delincuentes. Por eso Juchitán arde en llamas con frecuencia…
La violencia ha alcanzado incluso a quienes representan la identidad cultural de la comunidad. El ataque a la casa del poeta y diseñador muxe Elvis Guerra, creador del atuendo que utilizó la Presidenta Claudia Sheinbaum durante el Grito de Independencia, fue una muestra más del terror que vive esa localidad.
Hace unos días, autoridades federales detuvieron en Guadalajara a Iván Sánchez Santiago, conocido como el Comandante Cromo, señalado como líder del grupo y quien llevaba más de un año siendo buscado por la justicia, mientras su organización sembraba el terror en el Istmo.
La captura se sumó a las realizadas mediante la Operación Sable, impulsada por autoridades locales y federales, en coordinación con la Marina, Defensa, Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
Los señalamientos por presuntos vínculos con la delincuencia organizada también pesan sobre el gobernador Salomón Jara, con una denuncia penal en su contra, aunque el gobernador ha rechazado en todo momento las acusaciones.
La realidad es que en Oaxaca hoy la paz parece una misión imposible, con seis asesinatos cometidos en Juchitán en apenas tres días de esta misma semana.
Y es que no basta con la captura y el encierro de los delincuentes. Es necesario llegar al origen:
¿Cómo han conseguido operar durante años?, ¿quiénes les facilitan información, protección y la impunidad que les ha permitido expandirse?
Juchitán nunca debió entrar en la estadística de homicidios, siendo uno de los más grandes referentes culturales de Oaxaca y del pueblo zapoteca, que hoy vive abrazado a los balazos, las extorsiones y el miedo.
Las autoridades locales anuncian más operativos y detenciones, mientras decenas de familias siguen enterrando a sus muertos.
Y como tantas otras regiones de México, el corazón zapoteca no necesita más discursos de paz, sino un Estado que se comprometa con impedir la infiltración criminal en sus instituciones.
Juchitán no merecía ser el matadero en el que lo han convertido…