APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

Francia: el estallido y la ingeniería del caos

Vendrá un fin de año de negociaciones con la amplia franja inconforme de la población y de investigaciones que, de ser desfavorables a Francia Insumisa, restaría más votos a la izquierda el año que viene. Como otras veces (...) es la derecha la que mejor parece ejercer la ingeniería del caos

Jordan Bardella, de Reagrupamiento Nacional, y Marine Le Pen, en julio.
Jordan Bardella, de Reagrupamiento Nacional, y Marine Le Pen, en julio. Foto: AP

Las protestas juveniles en Francia iniciaron como una explosión de inconformidad con las instalaciones educativas y la baja remuneración de trabajadores y maestros. Rápidamente, grupos sindicales, ecologistas y el movimiento de los chalecos amarillos se sumaron a las protestas. Con la generalización de las protestas emergió, como siempre en esos fenómenos, la violencia civil.

Los disturbios han escalado hasta producir el incendio del histórico edificio del ayuntamiento de Limoges y la vandalización del de Marsella, así como de varias instalaciones, monumentos republicanos y hasta bustos de Marianne. La extensión social del estallido produce instrumentaciones políticas encontradas, desde los extremos de derecha e izquierda, a la vez que una proliferación de opi-niones verdaderamente disparatadas en las redes.

Los estudiantes y los transportistas, los ecologistas y los chalecos amarillos que han salido mayoritariamente a las calles de París, Niza, Lyon, Lille o Marsella no responden a un imaginario antirrepublicano, ni de extrema derecha ni de extrema izquierda. Las fuerzas políticas más reconocibles en esos polos, la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen y la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, capitalizan, sobre todo, la incapacidad del gobierno de Emmanuel Macron para contener la violencia y se acusan mutuamente de inducir al caos.

La proximidad de las elecciones favorece una distorsión y un eventual rebasamiento del conflicto originario. Jordan Bardella, otro líder de la derecha, ha dicho en estos días que el estallido confirma la caída del orden y la instalación de una ingobernabilidad promovida por comunistas y fundamentalistas. Los posicionamientos de Le Pen y Bardella han coincidido con reportes que apuntan a un aumento en la intención votos a favor de la ultraderecha.

Por su parte, Mélenchon y Francia Insumisa también han salido a las calles, intentando captar el malestar del sindicalismo francés involucrado en las protestas. Pero el discurso de Mélenchon se dirige fundamentalmente contra el gobierno de Macron, además de que la presencia de varios contingentes sindicales, cercanos a Francia Insumisa, en las protestas, han generalizado, dentro del centro-izquierda, la acusación contra la ultraizquierda en el origen del estallido.

Daniel Verdú ha escrito para El País una serie de artículos sobre las protestas en Francia que apuntan a la hipótesis de una salida a las calles de la extrema izquierda a partir de una lectura precisa de los sondeos electorales. Mientras Le Pen mantiene una mayoría creciente de intención de votos, con cerca de un 35%, seguida del oficialista Édouard Philippe y el socialdemócrata Raphaël Glucksmann, Mélenchon se mantiene sobre el 15% de la estimación preliminar.

El efecto electoral de las protestas en Francia se disemina si se piensa el fenómeno desde una perspectiva europea. También en Italia, Grecia y España se han producido muestras de indignación y choques entre ciudadanos y policías en las calles. Cada uno de esos gobiernos posee una orientación política distinta: en España gobierna la izquierda, en Italia y en Grecia la derecha. La condición centrista del gobierno de Macron hace que el efecto de contagio pueda ser simultáneo, en las dos direcciones.

Pero faltan seis largos meses para las elecciones en Francia. Ya Macron adelantó las elecciones en 2024, y volver a hacerlo dos años después, puede ser contraproducente para el proyecto republicano que encabeza Philippe. Vendrá un fin de año de negociaciones con la amplia franja inconforme de la población y de investigaciones que, de ser desfavorables a Francia Insumisa, restaría más votos a la izquierda el año que viene. Como otras veces en la historia reciente de Europa —recuérdese el 15/M español y el triunfo de Rajoy en 2011—, es la derecha la que mejor parece ejercer la ingeniería del caos.

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