CARTAS POLÍTICAS

Elecciones intermedias en Estados Unidos

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

Este 3 de noviembre, Estados Unidos tendrá elecciones intermedias.

Donald Trump enfrentará el juicio del electorado aunque no aparezca en la boleta. Se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 del Senado y 36 gubernaturas. El resultado marcará las posibilidades del gobierno de Trump y también podría detonar su radicalismo. Para México influirá en el tono de la relación bilateral y las negociaciones del T-MEC durante los siguientes dos años.

Donald Trump y los republicanos llegan debilitados a la cita. Reuters/Ipsos registró 31% de aprobación presidencial en su encuesta concluida el 19 de octubre. Entre los votantes registrados, los demócratas aventajan a los republicanos por 47% contra 35% en la preferencia para el Congreso. La distancia creció de siete a doce puntos respecto de la medición de dos semanas antes. El incremento en el costo de vida es una de las principales causas del desencuentro con Trump y su gobierno.

La oposición tiene motivos para entusiasmarse, pero su recuperación parece deberse más al desgaste republicano que a una renovada confianza en los demócratas. Pew reportó que a principios de octubre el 58% de los estadounidenses tenía una opinión desfavorable del Partido Demócrata. La oportunidad está al alcance de la mano; el reto es convertir el rechazo a Trump en votos suficientes que les permitan arrancar la mayoría a los republicanos.

La Cámara de Representantes parece el objetivo más accesible. Los republicanos defienden una mayoría estrecha y Cook Political Report ha identificado más distritos republicanos que se inclinan hacia los demócratas. Las encuestas son útiles, pero ya hemos visto escenarios en los que fallan. Se anticipa una elección difícil para Trump y los republicanos, aunque está lejos de estar resuelta.

El Senado está más reñido. Los republicanos tienen 53 escaños frente a un bloque opositor de 47. Para controlar la cámara, los demócratas necesitan cuatro ganancias netas: cada asiento propio que pierdan obliga a conquistar otro. Un empate de 50 a 50 dejaría el desempate al vicepresidente JD Vance.

Dicho lo anterior, hay tres escenarios principales.

Si los demócratas ganan únicamente la Cámara de Representantes, podrán bloquear iniciativas, disputar el financiamiento del gobierno y abrir investigaciones. Trump conservaría un Senado capaz de confirmar sus nombramientos, pero tendría que negociar con una oposición que controlaría comisiones y exigiría explicaciones públicas a su administración.

Si la oposición conquista ambas cámaras, el contrapeso sería mayor: también podría frenar nombramientos judiciales y del Ejecutivo. Desde la Cámara de Representantes podría impulsar un impeachment, pero destituir al presidente requeriría dos tercios de los senadores presentes. Trump conservaría el veto y sus atribuciones presidenciales.

Si los republicanos retienen ambas mayorías, el presidente podría presentar el resultado como una ratificación y seguir impulsando su agenda con respaldo legislativo, posiblemente de forma más extrema de cara al cierre de su gobierno.

Hay otra batalla interesante en las gubernaturas. En Iowa, Rob Sand aventaja al republicano Zach Lahn por once puntos en una encuesta de Cook; en Ohio, Marist coloca a Amy Acton siete puntos arriba de Vivek Ramaswamy. Ambos estados podrían pasar a manos demócratas. Texas también es competitivo: Gina Hinojosa disputa la gubernatura a Greg Abbott, aunque éste conserva una ventaja estrecha en el promedio de encuestas. Su derrota sería relevante para México por el peso de Texas en la relación comercial y fronteriza.

Para México, una victoria demócrata abriría interlocutores con capacidad de cuestionar al presidente y encarecer algunas decisiones. Sería un error suponer que eso equivale a una política más favorable hacia nuestro país. Los demócratas tienen sus propias exigencias: sus legisladores han pedido reforzar los compromisos laborales y ambientales del T-MEC y atender el traslado de empleos fuera de Estados Unidos. Las diferencias con Trump no eliminan esos intereses.

Además, perder el Congreso no necesariamente moderará a Trump; podría incluso radicalizarlo. Podría buscar confrontaciones externas para movilizar a sus seguidores o ejercer las facultades que conserva en migración y política exterior. México seguiría expuesto a decisiones de Washington aunque aumentaran las investigaciones y los obstáculos legislativos. Un Congreso dividido podría limitar ciertas medidas y, al mismo tiempo, volver más incierta la negociación de otras.

Para México, el error sería confundir un revés de Trump con una victoria propia. Los demócratas podrían contener al presidente y exigir, al mismo tiempo, mayores concesiones comerciales. Además la derrota en el Congreso, no impide que Trump siga presionando vía aranceles. La elección cambiará a los interlocutores y sus incentivos, pero no hará desaparecer las profundas diferencias y sospechas que se han construido con nuestro país.

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