CONTRAQUERENCIA

La “majadería” de Taddei

Eduardo Nateras*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Guadalupe Taddei renunció a la presidencia del Instituto Nacional Electoral luego de que, en menos de una semana, escalara vertiginosamente en medios evidencia diversa que la involucra con conflictos de interés, presuntos actos de corrupción y una investigación federal.

La gran pregunta es ¿por qué hasta ahorita, sobre todo si la revelación de complicidad u opacidad en la asignación de contratos se había señalado desde hace meses?

Y es que, con su salida, ahora todo mundo se cura en salud —dentro y fuera del INE— exaltando el valor de la colegialidad y la necesidad de que se actúe con transparencia dentro de un órgano que, por sus funciones, lo que más requiere es contar con la confianza y el respaldo ciudadano.

Es verdad que hubo ciertas consejeras y consejeros que, desde hace tiempo, venían señalando las irregularidades que se presentaban en el funcionamiento del instituto. Si acaso, habría que analizar si lo hicieron con la suficiente vehemencia como para dar a conocer lo recientemente destapado.

Pero también es cierto que otras consejerías fueron leales aliadas de Taddei y avalaron sus decisiones, y que, además, contó con el contubernio de diversos funcionarios al interior del INE —muchos de ellos nombrados directamente por ella—, que permitieron el desarrollo de sus malas prácticas —incluido el contralor—.

Ése es el verdadero peligro de lo recién acontecido, hacer creer que el problema se termina simplemente aceptando la renuncia de Guadalupe Taddei cuando, en realidad, se trata apenas de la punta del iceberg de todo lo que por años se permitió y que seguirá ocurriendo si el marco legal y las personas encargadas de ejecutarlo dentro del INE siguen siendo las mismas.

El Gobierno, por su parte, ha hecho lo estrictamente indispensable —en términos de los procedimientos que marca la ley— ante este escándalo. La Cámara de Diputados se ha limitado a aceptar la renuncia de la funcionaria y a comenzar el proceso para nombrar a quien habrá de sustituirla. Poco o nada han reconocido sobre su responsabilidad en esta crisis, desde el instante en que empujaron su candidatura —aun y cuando haya sido producto de una tómbola— y al otorgarle facultades plenipotenciarias para nombrar diversas posiciones dentro de un órgano colegiado sin la necesidad, justamente de eso, de dialogar y consensuar con sus pares.

El resultado está a la vista de todos; nadie le dijo a Taddei que un gran poder conlleva una enorme responsabilidad y, por el contrario, escuchó el canto de las sirenas y del poder desmedido, echando por la borda el prestigio —literalmente obtenido con sangre— de toda una institución.

Lo notable en esta historia es que su salida no se dio por un proceso legal en su contra o por una denuncia interna, sino como resultado de labor periodística que la puso en el ojo del huracán con evidencia contundente. Fue la presión por parte de medios de comunicación y de la opinión pública lo que la obligó a renunciar.

Esos mismos medios y periodistas, que en diversos momentos del 4Teismo han sido estigmatizados y exhibidos, hoy son los responsables de que Guadalupe Taddei enfrente parte de las consecuencias de su mala praxis. Ya se verá hasta dónde quieren indagar las autoridades y si culminan con la parte que les corresponde.

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