ANTROPOCENO

Nadar en el Sena y en Chapala

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Cuando vimos las imágenes de parisinos y deportistas olímpicos nadando en el río Sena nos admiramos. Muchos dijeron: “Eso es ser de primer mundo”. La mejora se logró modernizando la red de saneamiento, corrigiendo conexiones defectuosas y construyendo grandes depósitos para almacenar el exceso de aguas residuales durante las lluvias.

Lo mismo podríamos hacer en México si siguiéramos el famoso consejo de Javier El Chicharito Hernández en 2018: “Imaginarnos cosas chingonas”. Estas ideas optimistas me surgen tras ver al gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, junto a la Presidenta Claudia Sheinbaum, anunciar una aportación federal de 14 mil 500 millones de pesos para llevar agua de calidad a la zona metropolitana de Guadalajara. El gobierno estatal aportará otros 10 mil 200 millones. La inversión conjunta contempla obras para los acueductos Chapala-Guadalajara y Calderón-San Gaspar, además de infraestructura de potabilización y saneamiento. Se realizará sin contratar deuda.

Ya con la buena vibra instalada en la conferencia mañanera, el periodista Eduardo Esquivel Ancona, de Domo de Cristal, preguntó por el saneamiento del río Lerma. Éste atraviesa varios estados del centro del país antes de desembocar en el extremo oriental del lago de Chapala. En su recorrido recibe contaminación urbana, agrícola e industrial.

Esquivel mencionó un proyecto de mi Universidad Autónoma Metropolitana: utilizar rastrojo de maíz como sustrato para cultivar hongos capaces de contribuir a tratar aguas contaminadas.

No basta con llevar más agua a Guadalajara, también hay que proteger las fuentes de las que depende. Un acueducto puede resolver problemas de abastecimiento, pero no sustituye al saneamiento de los ríos ni a la restauración de los ecosistemas.

Durante décadas, grandes obras hidráulicas se presentaron como la solución integral a la escasez. El Zapotillo mostró que una infraestructura puede ofrecer beneficios a ciertas ciudades, pero amenazar socioecosistemas que deben ser conservados. El acceso al agua y la defensa de naturaleza y comunidades pueden y deben ser objetivos compatibles.

Tampoco debemos confundir la recuperación de un lago con su conversión en un simple depósito regulador. Chapala no es solamente una reserva de agua para el consumo humano, es un ecosistema del que dependen otras especies, actividades económicas y comunidades. Cuidarlo exige atender la contaminación que llega por el Lerma (enfermando a miles de personas de los riñones), vigilar las descargas industriales y urbanas y mejorar el tratamiento de aguas residuales.

París invirtió en infraestructura, tratamiento de aguas residuales y obras para reducir las descargas contaminantes al Sena. No fue magia ni una hazaña reservada a los países ricos. Fue una decisión sostenida, respaldada por inversión y coordinación institucional. México también cuenta con universidades, ingenieros y tecnologías que pueden contribuir a recuperar sus ríos y lagos. La cuestión es convertir los anuncios y los hallazgos de laboratorio en políticas públicas verificables.

Quizá algún día nadar en Chapala deje de ser una fantasía de primer mundo. Tenemos que: “Imaginarnos cosas chingonas”.

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